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l í í B ísiMOS fueron todos los hijos de los Católicos Reyes D. Fernando y Dofia Isabel. De ellos Vl ir íné la menor Catalina, que nació en Alcalá de Henares á 15 de Diciembre de 1486, y casó con Enrique VIII, rey de Inglaterra, en 11 de Junio de 1609, siendo coronada como reina en la abadía de Westminster en 24 de los mismos mes y año. Para que ni un momento pudiera dudarse del mal sino que pesaba sobre la pobre princesa espafíola, baste decir que, prometida al príncipe de Gales Arturo, hijo de Enrique TU, casó con él sin que llegara á consumarse el matrimonio. Al quedar viuda, debía el rey su euejsro devolverla á Espafia con los cien mil escudos de oro que constituían su dote; pero esto no convenía á Enrique YII, y el Rey Católico, por su parte, dando muestra de su natural frío y calculador, entabló con su consuegro un repugnante y monstruoso pugilato de regateos y componendas matrimoniales, en los qt: e para nada se contaba con la voluntad de la gentil princesa. Muy probada ya ésta por los infortunios, llegó al matrimonio con Enrique YIII y á ser reina de Inglaterra. Era bellísima, según puede juzgarse por el retrato que Holbein hizo de ella, y tenía un natural delicado y sensible; á más de esto, el espíritu devoto y místico de la raza castellana se había apoderado de su alma triste. Mal podían avenirse estas condiciones con el carácter fastuoso, alborotado y sensual del rey de Inglaterra, en quien se ve la representación más viva de todos los malos vicios, brutales apetitos y desordenadas aficiones de su raza tiránica y avasalladora. Sin amor, pues, pero fiel y buena esposa cristiana, dio á su marido cinco hijos, délos que murieron tres varones y una hembra, qundan do sólo viva María Tudor. Esta nueva desgracia acabó de apartar á Enrique VIII del trato con su mujer. Vulgarísimos y harto sabidos son los amores del rey con Ana Bolena, los atroces sufrimientos de Catalina, el escandaloso pleito en que vencieron los caprichos inhumanos del rey á la razón y la justicia por Catalina de Aragón representadas, y fiualmente, el cisma de Inglaterra, consecuencia de todos aquellos tristes sucesos. Catalina fué injustamente divorciada y encerrada en el palacio de Kimbelton. Allí vivió prisionera y entregada á sus devociones dos años. Murió á los cincuenta áfisecsítáo ver al reí -según sus palabras, -pues era una de esas víctimas que mueren amando á su verdugo. ORLA DE ARIJA