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Cuestión de faldas. -Dos formas de sombreros. -Peines, peinetas y agujas. -Las flores en la mesa. Kl arte de empapelar habitaciones. -Modistos y modistas de perros. KTBADA ya la primavera, observamos con verdadero placer que no ha habido variación senaible en la forma y disposición de las faldas femeninas. Signe predominando, y creemos qué seguirá por mucho tiempo, la falda ajustada por arriba y acampanada por abajo, forma que tanto realza la corrección de las líneas estatuarias, permitiendo al mismo tiempo un verdadero derroe) e de tela y la más grande y variada profusión de adornos en la parte inferior. A nadie, por poco versado que sea en la ciencia del corte, se le oculta las grandes dificultades que la hechura de estas faldas ofrece, y la evidente necesidad de que las telas que se empleen sean muy ricas y flexibles y los forros muy ligeros. La novedad primaveral de esta materia la constituye la multiplicación de loa volantes, que, como es natural, comienzan en la línea verdaderamente critica y difícil en que la falda se separa de la ondulación del cuerpo y comienza á explayarse y á rampar por sus respetos. En la elección de la calidad y del color de la tela, encaje ó bordado que han de formar estos volantes, y en su adaptación al tono general y al estilo del vestido, es donde lasmodistas y sus clientes han de demostrar buen gusto y elegancia. En general y sin com prometernos demasiado, podemos decir que en las faldas de paño caen muy bien los vo ¡antes de tafetán ó del mismo paño con bordados al realce en sedas de tonos más obscuros; y por lo que hace á las faldas de seda ligera, muselina, crespón y demás telas primaverales, debe tenerse por indiscutible el predominio de los encajes ingleses y holandeses y del bordado veneciano, si bien es verdad que estas aonpalabras mayores. Consérvase también muy firme, en el elevadísimo puesto á que la moda le ascendió, la falda de forma sastre. La única variación que en esto hay es sumamente plausible, pues tiende á quitar á tan linda manera de vestirse la excesiva severidad que le caracterizaba. Hoy día se hacen vestidos de esta forma en todos los colores, hasta los más alegres y claros, y se lleva la innovación hasta el extremo de admitirse para tales vestidos telas con dibujo y no simples mezclillas, que era la mayor audacia á que se había llegado en esta materia. Dos son las formas dominantes en los sombreros, de que nos hablan los periódicos de modas más serios de Inglaterra y de Francia: los mismos tipos que han imperado en el invierno. Uno es el sombrero ancho y plano, de forma regalar; otro el sombrero muy levantado por uno do los lados y con adorno de hermosas amazonas blancas ó negras, pues por ahora parecen desterradas las plumas de otro color. Los sombreros aplastados, de muselina plegada, semejantes á grandes plantas de girasol, privan bastante, y en este tiempo reciben sin disgusto algunas florecillas que la primavera deja caer sobre ellos aquí y allá. Las tocas y aun las simples guirnaldas, sin copa, de rosas pálidas ó de violetas de Parma, adornan con verdadero arte las gentiles cabezas de las jovencitas, y en este punto es preciso proceder con sumo cuidado en la elección de flores y en el número de ellas, así como procurar que la toca ó capota sea algo más que un adorno del peinado y algo menos que un sombrero ormai. Otros adornos que no son el sombrero ni el peinado vienen á embellecer las cabezas femeninas desde que los mantenedores y propagandistas del modem style han comprendido que en materia de hermosura no con viene romper del todo con la tradición ni despreciar en absoluto lo que épocas anteriores consagraron y tuvieron en aprecio. Tal sucede con los peinecillos, peinas, peinetas y agujas para el pelo, cada vez más en boga y más numerosos. La antigua peina ó peineta de concha se prestaba poco, por su propia materia, á los atrevimientos ornamentales del modem style. No tenemos sino estudiar las tejas que usaban nuestras abuelas ó las que aún se conservan en ciertos atavíos regionales, particularmente en el reino de Valencia, para observar la escasa variedad decorativa que en ellas hay, aun siendo muchos de esos adornos no de concha, sino de metal, plata ú oro, lo cual no deja de ser incómodo y perjudicial para el pelo. Las peinetas modem style evitan todos esos inconvenientes. En ellas las púas y todo lo que está en contacto con el pelo es de concha rubia preferentemente, pues la concha obscura no resulta de tan vistoso efecto, y en la parte superior se dibujan los más fantásticos caprichos en oro viejo, plata oxidada ó bronce repujado y cincelado. Nótase en los modelos más elegantes, como son los del célebre artista R. Lalique, la influencia del arte japonés; hay en todos ellos abundancia de crisantemas, orquídeas y rododrendos. En algunos se esculpen