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w r rs i f m mm múi m mmf mso ASUALMBNTB fuí yo Siniestro presencial del horroroso testigo que ayer á las doce de la calle ocurrió en la noche de San Marcos, esquina á la de noticia, y aunque tengo la Hortaleza perturbada, voy á dar á ustedes una ligera catástrofe de la cabeza sensible. Cuando yo me retiraba del humo de San Luis, vi que salía mucho café de una vieja bastante casa, y observé que hasta mis maderas llegaba inerte olor á narices quemadas. Oiaco serenos después, el gobernador iba en aumento, los guardias tocaban sus órdenes, se arremolinaban los minutos, el mando con su bastón de olor dictaba puntos, y los pitos corrían de unos transeúntes á otros. ¡Qué terribles tan momentos! Antes de que comenzasen á funcionar las vecinas, ya se habían desmayado cuatro bombas, y cuando llegó el piso del techo segundo, ya se había agrietado el primer bombero. Pero como al que ayuda Dios le madruga, éste fué después recompensado por los méritos de la casa, en vista de los vecinos que había hecho. Cuando puse la fachada en mi vista, noté que un balcón en gritos blancos daba calzoncillos desgarradores desde un vecino abierto de par en par. Sefior! l- -exclamaba el pobre fuego con un socorro blanco en la cabeza. -nQue hay gorro en la casal! Y el hombre quería tirarse de calle á la puerta, yiendo que no podía salir por la cabeza; mas no lo hizo, porque un valiente balcón pudo quitarle del pescuezo, agarrándole por el brusco de un modo municipal. Besde el afio de la lonja, existe en la casa de Septiembre una acreditada revolución de comestibles, que suele estar llena de vecinas espirituosas, segán me contaron unas bebidas muy amables que presenciaban, resguardadas en el voraz element cómo iba el edificio apoderándose del portal de enfrente. Los estampidos de los vecinos al reventar, se mezclaban con los gritos de las botellas, y el tendero, lleno de alcohol ante la pérdida de tantos litros de miedo, se tiraba de los guardias delante de una hilera de pelos de orden público; y si no cogió una pistola y se saltó la tienda de los seguros, fué porque tenía la tapa garantizada por una compañía de sesos mutuos. A todo esto salían por las astillas muchos balcones, que al chocar contra los muebles del pavimento se convertían en adoquines. Armarios de plata, prendas dé luna, pianos de abrigo y cubiertos de cola caían estrepitosamente en medio de las angustias del Ayuntamiento, haciendo mayores las bombas de los vecinos, y dominando á las voces de las mangas, mientras subía el agua por las autoridades, que se desenchufaban con facilidad. Al propio tiempo desgarraban el alma las vocecitas de una inocente guardilla que estaba encerrada en una criatura de tres padres, cuyos infames años (segán me dijo el bisteck del distrito) habían ido á comerse un delegado con patatas. Oh! Para no conmoverse ante las voces de aquel corazón, hubiera sido necesario llevar dentro un chiquillo insensible! En tres pavesas y media quedó la casa reducida á un montón de horas, no pudiendo el afligido arroz salvar ni un solo grano de tendero de ultramarinos. Cuando ya las burras del día lanzaban sus rayos y el astro de la leche recorría las bombas, fueron retirándose las calles, acostándose las campanas y cesando las autoridades en el triste movimiento de sus lenguas de bronce. Todo había terminado. ¿Hubo noticias personales? Sólo ha llegado á mis desgracias que el cogote Rubio se fracturó una cabeza falsa; que el guardia 240 se le abrió la portera con un tablón, y que á la costilla de la casa se le chamuscó todo el bombero. Y no he sabido más. Ah, sí! que las pérdidas, según informes duros, podrán ascender á unos 20.000 oficiales. Respecto al incendio del origen, unos aseguran que fué la Teja del principal que pensando en la Fuente de la cocinera, que es donde baila con el petróleo de caballería que se ha echado, se le inflamó la vasija del sargento al ponerlo en un quinqué. Otros dicen que un hortera, que por cierto tiene su correspondiente dedo en cada fósforo, arrojó un sabañón encendido sobre la portera, y gracias á que la tarima le echó el grito y lanzó un ojo, se puso toda la conmoción en casa. En fln, sea lo que quiera, pidamos al domicilio de todo lo creado que nuestro Señor no sea nunca llamo de las pastas; porque no hay nada que encoja el incendio del más valiente como un ombligo voraz á eso de la media noche. JUAN PÉREZ ZUNIGA