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EN EL CIRCO DE PARISH Q comenzar la época de las flores, de las 1 corrida de toros y da las bodas, vie nen todos los afios saltando, dislocan dbse, haciendo loc s piruetas á pie y á caballo, columpiándose en los trapecios y tambaleándose en los alambres tensos o flojos los consabidos volatineros y artistas ecuestres, acrobáticos y gimnásticos, como ellos se llaman. Poquísimas y de escasísima importancia suelen ser las novedades y variaciones atractivas que el espectáculo ofrece; no parece sino que, por sabio dictado de la Naturaleza, el arte de la dislocación y desfiguración de la humanidad es mucho menos variado ó interesante que el arte natural de la vida. La experiencia nos enseñaá diario que ni los titiriteros más audaces, ni los LAS HERMANAS BELLATZER danzantes más volubles, ni los payasos de más graciosa chocarrería están en los circos acrobáticos. Pero con ser esto asi, no es menos cierto que á los circos volvemos todos los afios por la primavera, y mal que bien, pasamos el rato contemplando las mismas gracias, desplantes y deportes del año anterior. Hace pocos días se ha abierto el circo Ue Parish, y todas las noches se ve lleno de público, ansioso de contemplar las mismas cosas que suelen ofrecérsele en los teatros del género ínfimo, sólo que más al natural. La compañía es muy apreciable, en particular las señoritas Bellatzer, acróbatas para quienes no es letra muerta el principio de que en los negocios de Estado la buena forma es el todo y la gentil Miss Shé, que representa con mucha gracia los cuatro elementos naturales: agua, aire, tierra y fuego. Hay además un ciclista que es el mismo demonio: Mr. Ralph Johnstone es capaz de andar en bicicleta por el filo de una navaja de afeitar, sin caerse y sin bue se le rompan los neumáticos. K Vi- jkuiMVie. D MdnM MBai UNTA CRISIS, VS ESCAMOTEO Y YAEIAS EQUIVOCACIONES FIDUCIARIAS Rodrigáñes. -Vean ustedes, señores: aquí no hay trampa ni cartón. Pongo el proyecto de circulación fiduciaria de mi antecesor D. Ángel Urzáiz debajo de este sombrero Y cuando levanto el sombrero, el proyecto ha desaparecido y sale la cabeza de D. Raimundo F. de Villa verde, autor, digan lo que quieran los termómetros, de la ley que he tenido el honor de presentar.