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EN E L S A L Ó N A M A R É EXPOSICIÓN LÓPEZ MEZQUITA ÓPEZ Mezquita, el joven y laureado autor de La cuerda de presos, ha reunido en el salón de los simpáticos hermanos Amaré los estudios y obras por él ejecutadas en los pocos meses transcurridos desde q u e alcanzó la primera medalla. Qaien examine con la debida reflexión las obras allí e x p u e s t a s no dejará de reconocer que el ya ilustre artista granadino, lejos de ser, como se quería h a c e r EBTBATO DEL AUTOR c r e e r p o r alguien, un afortunado improvisador ó un feliz ganancioso en la lotería del arte y del éxito, es un hombre, todo un hombre que va adelantando paso á paso con absoluta seguridad, con calma provechosa, sin perder momento, pero también sin apresurarse. La principal tacha que, injustamente por cierto, se habia puesto al cuadro premiado, el efectismo, la rebusca del asuoto, ha sabido evitarla con gran gallardía López Mezquita en estos cuadros y estudios, dónde resaltan una modestia y una sencillez encantadoras. El más notable de ellos, para nuestro gusto, es el que representa á una gitana del A. lbaicín bailando ante unas jovencitas, extranjeras sin duda. La escena pasa en el cuarto de algún hotel de Granada. Y no puede dudarse que el autor la ha visto, quizás la ha copiado del natural. Sin ningún pormenor saliente que haga de manera violenta resaltar el contraste, éste se impone al espíritu. En los ojos, en los blancos dientes y en el movimiento regocijado del cuerpo de la gitana, hay algo sugestivo, atrayente, enloquecedor, ese algo inexplicable que con sus ojos azules, parados como los de un idiota, atis ba, persigue y ambiciona el inglés que en lo alto del risco de Gibraltar contempla ávido la tierra eepafiola; es toda la secular alegría de una raza que baila y canta delante de la muerte, como el esqueleto terrible con montera de torero y castañuelas que Willette dibujó para representar á España Enfrente de la gitana, las dos jovencillasla contenplan con curiosidad ó envidia, ó con los dos sentí mientos á la vez. Nada tienen de antipáticas, ni en RETRATO DEL SEÑOR COELLO ellas reconoceríamos el desagradable mascarón que sue e caracterizar á las inglesas. No está pintado el cuadro con odio ni con esfuerzo efectista, y sin embargo, el contraste resulta, fuerza de ingenuidad y buena fe pictórica. Llevando su modestia á un estremo que á algunos parecerá y parece ya censurable, López Mezquita ha pintado el retrato de don Alonso Coello vestido de cazador, con el evidente empeño de imitar á Velázquez, y sin duda le ha imitado en la composición, y acaso en la disposición de luces y sombras; pero la cabeza, que es de pura casta española, más tiene del Greco que de Velázquez, y, lo que es aún mejor, más que de ambos tiene de su autor. Este ha trazada además su propio retrato con asombroso parecido y gran sobriedad de pincel. Ha hecho bien en retratarse ahora que tiene veinte años. Ese retrato suyo será una ejecutoria de rancia nobleza el día en que López Mezquita sea viejo y quiera mostrar sus pergaminos. FOT, CI FUENTES LA GITANA BAIlAtJORA