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nMiiiniiuiuiiiffl ip. Iví RIJL O UDOÍ i en los cinco afioa que ocapó el trono de Inglaterra no se hubiese mostrado tan ardiente partidaria del catolicismo, difícilmente hubiera conseguido disipar con sus magnanimidades de soberana el dictado de sanguinaria con que los protestantes la distinguieron. Pero la augusta hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón consagróse con tanta fe al restablecimiento de la Iglesia romana, que si este hecho no la absolviera completamente de sus pecados á los ojos de los católicos, disculparíala cuando menos el tenaz empeño que puso en conseguirlo y la firme voluntad que dedicó al servicio de aquella santa causa. No obstante, la crueldad con que trató á Juana Grey, proclamada reina á la muerte de Eduardo VI, y de la que triunfó María Tudor sin gran esfuerzo, porque la poca simpatía que inspiraba aquélla había de ayudar á sus planee, constituirá siempre una nota sombría en la historia de esta soberana, cuyo fervor ardiente por la causa católica no fué bastante á hacerla clemente con los vencidos. La reina Juana, que no hubiera aceptado la corona si á ello no la hubieran obligado sus parientes, fué aprisionada por orden de la que le había despojado del trono, y que no contenta con esto, la condenó á morir al estallar la sublevación del duque de Suffolk y Wyat. En el recinto de la torre que le servía de cárcel fué decapitada, y este hecho dio motivo á los protestantes para calificar de sanguinaria á María Tudor. La guerra que con Francia sostuvo, y que ocasionó á los ingleses la pérdida de Calais, causó á la reina un abatimiento tan profaado, que contribuyendo á agravar la dolencia que padecía, la llevó al sepulcro á loa pocos meses de ocurrida aquella catástrofe. ORLA DE ARIJA