Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
a- aí- jr- jrT: icis: xL: ir E Si m: Mímü: m: L 4 íi t n Y miss TIeavy, haciéndole coro, reioetía; ¡Eso es! ¿Qué significa esto? Yo ya me iba temiendo que el tal Jorge iba á dar á nuestro buen amigo un disgusto gordo, y se acumulaban en mi imaginación muchos detalles. Pero por el pronto no habla más que hacer que tranquilizar á Mr. Wheel, y luego ya veríamos. -Bien; dejemos estos ensayos para otro día. Vamos al salón y discurramos con sosiego, -observó míster Heavy. -T) e ninguna manera- -insistió el sabio; -haremos los experimentos, pese á mi sobrino, y después veré la lección que debo darle. Ahora vamos á proceder de la manera siguiente: Haciendo girar esta llave en esta habitación, n o s quedaremos á obscuras, y la habitación trasera d e la cuadra quedará perfectamente iluminada. En el centro de esa habitación, y frente á la lámina impresionable, h e colocado sobre una mesa un jarrón con flores. Tocando este otro botón se cierran los circuitos, y veremos aparecer en esta lámina la imagen del jarrón y las flores. ¡A ver! Usted, miss Heavy: como dama, sea usted la primera que dé á la llave y al botón. Obedeció la joven, y nos quedamos completamente á obscuras. Todos estábamos presos de la ma 3 or ansiedad y sin respirar apenas. Al tocar al botón, una claridad iluminó en seguida toda la plancha, y después, como en un espejo, de u n modo claro, magnífico, sorprendente, vimos la habitación del otro lado de la casa con una mesa en el centro, y sobre ella un jarrón de flores. El efecto e r a muj superior á cuanto podíamos haber imaginado. Exclamaciones de admiración y de entusiasmo se nos escaparon á todos, y ya íbamos á felicitar á nuestro sabio amigo, cuando notamos que al otro lado de la m e s a donde estaba el jarrón, y cerca de la puerta de la estancia, se dibujaba una figura. Todos miramos con curiosidad, j á una reconocimos á miss Wheol, la esposa del sabio, que miraba como sorprendida á su alrededor. Pero lo notable era que llevaba vestido de viaje y un saquito ó maletita en la mano. ¿Qué es eso? -observó Mr. Wheel. ¿A dónde va mi mujer sin decirme nada y cuando so acerca la hora de la cena? T. uego, volviéndose á nosotros j dando luz al laboratorio, prosiguió: -Ahora voy al otro lado á mudar la decoración y preguntar á mi mujer á dónde va. Hagan ustedes el favor de ospci- ar aquí. Marchóse el sabio y quedamos todos aguardando. La impresión que nos había hecho el experimento era extraordinaria. Yo, sin embargo, no podía contener algunos pensanriientos negros que me asaltaban. ¿Qué hacía allí mi stress Wheel, vestida y dispuesta para ir de viaje? Al dar luz al laboratorio desvanecióse la iuiagen d e la plancha que teníamos delante, volviendo á presentar ésta su superficie gris mate. Contábamos los minutos esperando impacientes la vuelta de Mr. Wheel; pero pasaron cinco, ocho, diez, y nuestro amigo no volvía. A o ya no me pude contener y dije: -Veamos lo que pasa al otro lado; y toqué á la llave primero y al botón eléctrico después. Quedamos un momento á obscuras; pero en seguida apareció la luz en la plancha. Miramos ansiosos y vimos ¡Cómo se me ponen los pelos de p u n t a al recordarlo! La mesa volcada, el jarrón hecho añicos y las flores desparramadas por el suelo. Miss Wheel manando sangre tendida sobre el pavimento, y el sabio y su sobrino luchando desaforadamente. E n la mano del segundo distinguimos perfectamente un revólver. (Quedamos paralizados de espanto, clavados en el sitio por dos ó tres segundos, sin saber qué hacer ni qué decir. Yo fui el primero en resolverme, y me dirigí á la puerta del laboratorio gritando: ¡Corramos á evitar el final de la catástrofe! Pero en el momento que trasponía el dintel, vi en la plancha la imagen del sabio cayendo herido y á Jorge que volvía contra sí mismo el revólver todavía humeante. Cuando llegamos á la estancia del otro lado del jardín era ya tarde. Sólo encontramos tres cadáveres. ¿A mi hija? ¿dónde está mi hija? -exclamó míster Heavy pasado el primer estupor que nos produjo la horrible tragedia. Volvimos al laboratorio y nos encontramos á la nnichacha que había caído desmayada sobre la plancha reproductora y sobre el aparato revelador de los sonidos, haciéndolo todo mil pedazos. Destruidos los instrumentos y muerto el sabio, quedó también muerto el invento, pues ninguno de nosotros éramos capaces de restaurar la obra del incomparable Mr. Wheel. Y he aquí por qué el extraordinario Diafofófono n o ha aparecido jamás ante el público. ViCEXTK VERA