Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
f vvi v oir lo que nuo diga al escribiv carta. Tso es ya casi leei- los pensamientos de los demás, y puede ser muy peligroso. -Pues entonces, ¿qué, dirá usted cuando sepa que n o sólo puedo oir lo que usted dice á sus solas, sino verle y presenciar lo que hace? Conlieso que al oir estas palabras se me quitó todo el interés que tenía de iníormar al (locutor sobre las visitas de su sobrino Jorge y alguien más al laboratorio. ¿Qué le iba yo á decir que él no supiera? Un liomb r e que oi e en las cartas lo que uno m u r m u r a cuando le escribe, y que ve á través de obstáculos y distancias lo que un individuo hace metido en su casa, ¿no va á saber lo q u e ocurre á su alrededor? Jli curiosidad, mi interés, se concentraron por con- ipleto en conocer aíjuellos descubrimientos exti aordinarios. -Cuénteme usted, explíqueme usted todas esas maravillas, -dije ofreciendo un babano á Mr. Wbeel, preparando dos vasos de wbisky con agua de soda, y disponiéndome á escucharle con toda atención. El doctor encendió su cigarro, arrellanóse en la butaca, y bebiendo á sorbitos el whisky aguado, comenzó su narración de esta manera: -Recordará usted la conversación que tuvimos hace tres días en la terraza de Richmond acei ca del paisaje reflejado en el río, y las estúpidas reflexiones de Mr. Ileavy sobre el asunto. -Sí, señor. Recuerdo todo ello. -Pues u n a de las observaciones más bellacas de nuestro amigo me sugirió una idea. T a luz, al caer sobre la mayoría de los objetos, se refleja en ellos, y sigue su camino sin dejar, decimos, huella alguna. Algunas sustancias, sin embargo, se alteran, y en esto s e halla fundada la fotografía. Esto pruel) a, por lo tanto, que la luz es capaz de ejert: er siempre una acción que llamamos química, pero que en su esencia es mecánica, y que no puede ejercerse sin gasto de energías; y si la luz las suaiinistra en algunos casos, claro es que puede siiministrarlas siempre. La cuestión es que las sustancias sean aptas, sensibles á su vez para recibir y transformar esas enei- gías. Si, pues, la superficie del agua del i- ío hubiera sido sensible á la luz y se hubiera modificado conforme á la acción de ésta, las ondinas de que hablaba Mr. Heavy acaso hubieran podido, desde el otro lado de la superficie, es decir, desde el fondo de las aguas, apreciar esa transformación. Pensando sobre esto, se me ocurrió que el fenómeno de la visión no era ni más ni menos que eso. Los rayos luminosos que vienen de todos los objetos que nos rodean, llegan á nuestros ojos é impresionan Huestra retina. Por lo tanto, esta retina, una sustancia matoiial, e- -a ita paia recibir y transformarse por la energía do luz; ésta deja allí una huella, aunque sea momentá nea, y el cerebro ve, desde el otro laclo, esa huella, esa impresión que la luz h a ocasionado en la retina. ¿Qué hay desde la retina al cerebro? Kervios que transmiten esa impresión, que en el cerebro, por un mecanismo que no conocemos todavía, se transforma y nos da la sensación por la cual vemos los objetos de donde la luz impresionante procede. ¿Sigue usted mi razonamiento? -Perfectamente. -Bien; pues si yo construyo una plancha que sea sensible á la luz como lo es la retina, no como la placa fotográfica, y pongo cada punto do dicha plancha en comunicación con un hilo por donde pase una cerrión te muy sensible de energía, cuando los diferentes pun tos de la superficie de la plancha se modifiquen de distinto modo por la acción de la luz, las corrientes delicadas que por los hilos, en conexión con dichos puntos, corran, experimentarán también modificaciones correspondientes. Entonces si estos hilos, cuya longitud es indiferente, llegan á otra plancha que, así como la primera es sensible á la luz, sea sensible á la acción de la corriente de energía y se modifique de diferente modo en cada punto según las variaciones de la energía que sobre cada uno de estos puntos actúe, esta segunda plancha, que llamaremos cerebral, reproducirá las huellas ó impresiones que la luz haya producido en la primera. Y esto sucederá cualquiera que sea la distancia que haya y los obstáculos que medien entre las dos planchas, con tal que los hilos por donde pasa la corriente pongan una de éstas en comunicación con la otra. -También esto lo comprendo. -Perfectamente. Pues entonces ya no quedará sino revelar las modificaciones d e la plancha segunda, ó sea la receptora ó cerebral, para que esas modificaciones aparezcan para nosotros como imágenes de los objetos cuya luz ha motivado dichas modificaciones. El mecanismo del proceso está, pues, encontrado. La cuestión está en. hallar u n a sustancia que sea sensible á la luz, como lo es la retina, y con ella construir la plancha primera; después, en elegir la corriente sensible y delicada que se modifique por las más débiles alteraciones que la luz pueda producir en la plancha impresionada; tercero, en encontrar otra sustancia que sea á su vez susceptible de modificarse por las alteraciones de la corriente que á ella llegue, y con esta sustancia construir la plancha segunda; y por último, re elar las modificaciones de esta segunda plancha de modo que nos den á la vista las sensaciones de imágenes, Pnes no es nada lo que necesita usted! Terminará en el próximo iiúmero.