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I VI FN A I AI I I: I Hl sA (le lii ñe. ta dejáliBiilo n ¡i luaiiciiif qui i ii lotlo! o ilcmás i o afín. Iloy ya no si, ii Ini 4- ur 1 1 los cliiijuiüo- 1 ni i l lUlcño del rafi íli Ir PiK arfíiulo i roii lrnir la íiVíí; ahora ya no fs i- ii imp lie vcciiilail lo cjiíile- jiresta a nr. tr; Io iieie. iU i itno- o- y uroti s os lian Hiiln snutitniílow jior tiguras perfectas, colocadas sobre pedestales con gusto decorativo; en el conjunto, bien criticando á la política, bien reproduciendo algún pasaje mitológico, chispea el picaresco ingenio ó se muestran la inventiva y el arte. D e s d e que el Ayuntamiento y algunas sociedades adjudicar! premios á FALLA EN LA CAILE DE YAGÚEBOS las mejores fallas, sirve esto de estímulo poderoso, y habiéndose conseguido hacerlas con gran perfección artística, no se queman hasta que el día de San José expira. Por las fotografías que publicamos, y en las que se reproducen algunas de las falles premiadas en el concurso del año 1901 y en el presente, podrán comprender los que no conozcan esta costumbre tradicional valenciana hasta qué punto llegan el lujo y el buen gusto artístico que este pueblo pintor, poeta y músico por naturaleza, pone en la construcción de unos tan efímeros y deleznables medios de divertirse. En diversas comarcas de España existe la costumbre de quemar al Judas, ó sea á un monigote que representa al mal apóstol, en los días que siguen á la Cuaresma; pero si este uso tradicional tiene ó no relación con las falles valencianas, eosa ee que no podemos asegurar. Lo cierto es que, si la relación existe, en ningún pueblo más que en Valencia se convierte la diversión un poco inculta y bárbara de quemar el espantajo vestido de mojiganga, y á veces lleno de cohetes ó de pólvora suelta, en un espectáculo artístico de veras, á cuya presentación con- tribuyen las clases populares bajo la dirección y guía de ar tlstas pintores y escultores, á quienes los artesanos Sícun dan y ayudan con verdaidero entusiasmo y desinteresada afición, porque en pocas poblaciones existe como en Valencia el instinto artístico y el gusto de las cosas agradables y pintorescas entre las clases populares. A todos halaga esta tradicional costumbre, porque hasta todos llega algo de su bulliciosa animación. El bebedor empedernido va al cafetín, que se descubre por el frondoso árbol colocado á la puerta del establecimiento, á quemarse la garganta con el aguardiente, y á requebrar á la bufiolera airosa que ejerce su oficio junto á la caldera donde chirrían los hinchados buñuelos mientras se dora su corteza con el burbujeo del aceite; las muchachas en el balcón, sen tadas ala puerta de la planta baja ó paseando por la calle cualquier cosa sirve de pretexto para hacer alarde coquetón (le su gracia pecadora cortejadas por los hombres, jóvenes ó viejos, eternos admiradores suyos; frente á la falla se alza la tribuna donde la charanga esparce sus armoniosos acortlof, y en cuanto el reloj del Miquelete golpea con su maza férrea doce veces sobre la campana monumental, se prende fuego á la falla, crujen los maderos á los suaves lametones de las llamas, que crecen y crecen ondeadas por el viento, y ya destruida la base, conforme van desplomándose las figuras entre ridiculas contorsiones, son saludadas por la ensordecedora gritería infantil; la hoguera tifie de rojo el claro jalbe gue de las fachadas, y después un montón de pavesas abriga el rescoldo que ennegreció los adoquines de la calle. JULIO DB HOYOS FOT. DE DANIEL TREGOU PRIMER PREMIO DEL ATONTAMIENTO EN 1902