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COSTUMBRES ESPAÑOLAS LES FALLES EN VALENCIA U 1 TM para no volver, sólo algún i VJ recuerdo, alguna tradición ó costumbre nos dan fe y testimonio de su existencia. Les falles, husmeando su origen, nos hacen retroceder á época remota en que se quemaban, las vísperas de San Juan y de San Antonio, grandes piras de sarmientos. Ignoro las causas que daban motivo á tales hogueraspero me inclino á creer que fueron alharacas de la gente moza especialmente, que aquellas noches, formando grandes y desordenados corros, los cuales abarcaban á las rojizas llamas con bailoteo incesante y fatigoso, cantaban alegres, mientras agonizando entre estallidos de crujientes chispas los nudosos y resecos troncos, se aplastaban hasta fundirse en un extenso cenizal. Algunos pueblos mantienen todavía esta costumbre pero en Valencia sólo la víspera de San José han venido quemándose las tradicionales aWas. Por la época á que me refería, l o s carpinteíos trabajaban durante l a s veladas á la insuficiente luz del candil que pendía de una especie de trípode colocado en el centro del taller; de un año á otro limpiaban el obrador la víspera del santo Patrón; porlanoche prendían fuego á las barreduras y arroja, ban á las llamas el maldito paehe, que así llamaban al aparato de madera. Los chiquillos reco- UJÍA BUÑOLERÍA. LA PLAZA REDONDA Tíssü rg í FALLA PasMIADA P o 8 LO KAT PÍNATÍ E. N 1901 rrían las calles arrastrando trozos de estera y trastos viejos que) a vecindad les entregaba, y con desacorde c h i l l a r repetían infatigab l e s su pedigüefio estribillo: -I Una estereta velletapa la falla de Sen Sobre una alma de palo armaban los indumentos que caían en su poder, y este pelele era plantado en la cúspide d e l conjunto combustible. La precocidad infantil de los pequeEos revoltosos inspiró al ingenio mordaz de los mayores, que disponiendo de m e d i o s m á s excelentes convirtieron el muñeco en la efigie, m á s ó m e n o s exacta, de algún semejante KN A A I K I F; R á quien profesaban mal vo, ier. Progresando todo lentann iitt irc i ciiu i i (oreándose más á la humana üjiicjniiz. i O! a ina h palo cubriéronla con andrajos qui rellonaI. iri ¡o. -I m c c s del cuerpo ausente, y en el ar, r- k. la iiitarrajeada muñeca de trapo que serv: a lo eza, fue ii ¡idida una mascarilla en la que tmr iiliriiiKis letallc- e adivinaba el rostro del ¿su 1 i- ni, Ifl v. -r lnüo, le! a beata ó de la bruja que daban ori- cn a iiiuriiiuraciones en el resto del vecindario. Di- urn. lo un HU. C. -O que Mamó la atención de la capital (mti- ia. los i iicar- a. loHde colocar 1 a aZ aprocuraron rec. n tniír on ella el hecho ruidoso, dando á los iT. -i na. ii s. iii; xpiüs- on más perfecta posible; lisonjero re- u I tado con i, ó u tarea; pero á las figuras ves. Idas con irajc í á propósito confeccionados, cna. Ir. iha nial el ii, ni, n ile trastos que les servía de base, y en vi- la eete i- Eecto desagradable, decidieron echar sobie ellos una cobertera de lienzo. El dueño del cafetín era el más interesado mantenedor de esta costumbre, porque el aguardiente y los buñuelos de viento que se consumían con pretexto