Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
í r i m I 4. y- ar IX FKENTE Á FEEXTB Cuando escuchó las doce de la noche en el i- eloj, levantóse Paco, se despidió con u n ¡Hasta luego! de los compañeros con quienes estaba en una, lujosa- -Yo mismito. Y u n poco más que tú; con más vertaberna de la calle de Fuencarral, y salió. güenza. La despreciaste; y ahora, al saber que hay u n Aquella tarde, ya á boca de obscurecer, habíase tro- hombre de bien que la quiere, andas metiendo la papezado (tropiezo buscado por el chico) con Chinarro, ta ¿Crees que no lo sé? Sé que has ido, que has á quien conocía sobradamente, y que de buenas á priquerido pegarla Pues oye, oye, que hay más. Yo la meras le había dicho: quiero con toda el alma, y como sé que no puede amar- -Tengo que hablarte. me esa mujer, hago lo que hacen los hombres que tie- ¿Qué pasa? nen corazón y no u n cacho de mojama Me m u e r d o- -Mucho y bueno. U n a comisión de Lolilla. yo solo, me aguanto, y sin que nadie se entere, me Paco sonrió vanidosamente. como los botones del uniforme. ¿Lo oyes? Hago cuan- ¡Vamos, ya caigo! Vienes de paces, ¿eh? Mira, me to puedo por verla feliz, aunque sea con otro, ¿sabes? alegro: vamos á convidarnos por la buena noticia. pero otro que sea hombre, no un granuja como tú. A- -No; ahora no puedo. E s t a noche te espero á las ese lo traigo aquí para quitarle de en medio para que doce en la Glorieta de Quevedo. No faltes, ¿eh? no la estorbe ¡ya lo sabes, ea! -Palabra, que no faltaré. Paco estaba verde de ira. Lo imprevisto del ataque Cuando llegó Paco al sitio de la cita, desierto á teníale suspenso, pero comprendíase que la explosión aquella hora, encontró desde luego á Chinarro vestide su cólera iba á ser formidable. do de paisano y esperándole. Chinarro, impasible, sacó del bolsillo interior de su- -Oye, Chinarro, ¿es cierto lo que me han dicho? chaqueta un cuchillo Maüsser que tomara en el cuar- ¿El qué? tel, lo arrojó á los pies de Paco, y seguidamente vióse- -Que te ha tocado para Cuba. su diestra mano armada con una albaceteña de brillan- -Mañana me iré, si Dios quiere y tú no lo impides. te hoja. ¿Yo? -Ahí tienes, cógelo; quiero matarte cara á cara, -Tú. como los hombres se matan; los que sirven para algo- -No lo entiendo. más que para emborracharse y zurrar hembras- -Ya lo entenderás. Paco no resistió más. Cogió el cuchillo, lanzando A todo esto iban caminando á buen paso, saliéndouna blasfemia, y se precipitó sobre el chiquillo. se más cada vez de lo transitado. El alumbrado iba ¡Horrible espectáculo! A la borrosa luz apreciábase siendo escaso. solamente un cuerpo ágil, gallardo y vigoroso, yendo- -Pero ¿á dónde vamos? -interrogó Paco. y viniendo; y ñ- ente á él algo muy chico que saltaba, -A donde no nos vean ni nos oigan. corría, se agachaba, escurríase y el brillar de las- ¡Ni que fuésemos á celebrar consejo! aceradas hojas. Ni una palabra, ni u n grito. El sordo- -No; vamos á celebrar u n a cosa más gorda. ronquido de los agitados pechos. ¿Más? La lucha fué m u y breve. Oyóse un golpe sordo, y al- -Pues claro. ¿Crees tú que te he traído á estas homismo tiempo estas palabras: ras y á estos sitios- -Chinarro habíase parado- -para- ¡Toma, charrán, por Lola! contarte historias que te alegren el entresijo? ¡Ay, Y un cuerpo cayó pesadamente. Era Paco. Dios, y qué primo eres! Hemos venido á algo serio. A Chinarro se inclinó, miró el sitio de la herida, y que uno de los dos se quede aquí. ¡A matarnos, en una dijo: palabra! ¿Te enteras? ¡En el corazón I Siendo por ella, ahí tenia que ser. Paco quedóse mirando á Chinarro, dudando entre X reírse ó tomar á pechos aquello. Chinarro comprendió CHIXABKO, SUBLIME la duda, y se apresuró á decir: ¿Qué te parecerá si te digo que quiero á Lola? Bien temprano era todavía cuando Chinarro, ves- ¡Tú... tido de uniforme, presentóse en casa de Lolilla.