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LVJ i, EL NUEVO ACADÉMICO SB. ORTEGA MUNILLA LEYENDO EL DISCURSO DE RECEPCIÓN ORTEGA MONILLÁ EN LA ACADEMIA A Real Academia Española se honró el domingo pasado recibiendo entre sns individuos de número, no al popular y conocidísimo director de El Impardal, como con ciertas intenciones han dado á entender algunos señores, sino al insigne novelista, al maestro de la crónica y del estilo periodístico, al hombre de exquisito gusto que tantos afios ha dirigido Los Lunes de El Impardal, esto es, la única ráfaga de aire literario y artístico que en medio de la monótona y prosaica trivialidad de la política y del chismorreo diario venía á orear las cabezas de los lectores y abonados á la prensa de gran circulación. Esa obra educativa y depuradora del gusto llevada á cabo con tanta constancia y acierto porD. José Ortega Manilla, hubiera bastado para hacerle merecer bien de las letras y obtener la entrada en la Academia, que es la más alta sanción otorgable á tales méritos. Pero aun esto, que vale tanto ya, es poco si se compara con la labor puramente personal realizada por el ilustre literato. Las crónicas que bajo el título Madrid aparecieron durante muchos afios en Los Lunes, constituyen sin duda un género literario de especial encanto, y tan difícil de cultivar, Que todos los imitadores de Ortega Mulla han salido mal de ese empeño. Sin parecerse en nada á los chroniqueurs franceses ni procurar imitarlos en la brillante frivolidad de sus inspiraciones. Ortega Munilla acertaba á traducir en sus artículos las más salientes y jugosas impresiones experimentadas en Madrid cada semana, y con dulce y simpático humorismo sabía armonizar la ligereza alada y mariposeante de la narración con el grave y hondo tono sentimental á veces, y á veces con la reflexión más acertada y profunda expuesta burla burlando. La piedra de toque de los afios marca el oro puro en las crónicas é impresiones de viaje de Ortega Munilla, obras que se leen con gusto é interés cuando ya los sucesos que las motivaron se han borrado en la penumbra de lo que no llega á la historia general, aunque para el individuo tenga acaso mayor importancia que ésta. Por último, si la Academia es el lugar donde se da albergue á la corrección en el escribir, ¿quién con más derecho á entrar en él que el autor de La cigarra, libro de excepcional valor en nuestra literatura moderna, por la acabadísima perfección con que está compuesto y la clásica sencillez conque está escrito? ¿Quién ha de merecer sentarse junto á Galdós y Valera mejor que el novelista de Sor Lucila, de Ludo Tréllez y de La viva y la muerta? No es este sitio adecuado ni suficiente para recordar los merecimientos del nuevo académico. Debidamente los señaló en su discurso de contestación el gran Valera. El elogio formulado por el autor de Pepita Jiménez: vino á interpretar con toda exactitud el pensamiento de todos los buenos aficionados á las letras. Damos nuestra enhorabuena á Ortega Munilla y á la Eeal Academia Espafiola. FOT. CIFUENTES