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tos 2 B 5 m FÁUelO li Ui iimiaiuiuiuiuMiiKiivMiii UN en los tienipos democráticos que alcanzamos, son el fausto y el esplendor en la morada y en loa actos públicos á que asisten los jefes de un Estado tan necesarios, que el solo intento de suprimirlos sería la mayor de las indiscreciones. Desde la casa de Austria se vienen celebrando con gran solemnidad las desde un principio llamadas capillas públicas Felipe V introdujo algunas modificaciones en la colocación de los personajes que á dicbo acto podían asistir, y hoy puede decirse que, con pequeñas variantes, se guarda el mismo ceremonial que en tiempo de Carlos IV. Dieciséis veces al año asiste hoy la Reina á la capilla, sentándose en la cortina, acompañada de su corte. Estas capillas se clasifican estraofieialmente en grandes y chicas, según exista ó no en ellas alguna solemnidad extraordinaria. Son grandes las capillas en que hay procesión y asisten la mayoría de las damas; tal ocurre el día de la Candelaria, en que la Eeina, Altezas y damas llevan mantilla blanca y se recorren procesionalmente las galerías, cuyas paredes se cubren con soberbios tapices, llevando candelas cuantos van en la procesión; el Domingo de Ramos, en quetambiénhay procesión, sustituyendo doradas palmas las amarillas candelas; el Jueves Santo, que concurren las damas con manto á la procesión; el Viernes de Pasión, que asisten de negro como la Eeina, y en que se adora el Lignum Crucis y el Clavo antes del solemne Lavatorio; el Domingo de Resurrección, en que las damas, con mantillas blancas, forman parte de la procesión llamada del Cordero Pascual; y, en fin, el Domingo de Infraoctava del Corpus, en que se cuelgan tapices y se celebra la procesión más fastuosa del año. Mucho antes de la hora señalada para la capilla, se agrupan ya delante de la puerta llamada de las damas en el patio principal, innumerables curiosos; es preciso que un pelotón de soldados forme cnerda, dejando píaza frente á dicha entrada para evitar atropellos. Ya en las galerías altas del alcázar, los alabarderos colócanse en doble hilera á los lados de la alfombra que se extiende de la cámara de los Reyes á la capilla, y momentos después se permite la subida, por grupos, del público. Una voz de mando ordena á los alabarderos presentar armas; nótase un revuelo en el público, que se estrecha y coloca en forma de poder ver todo lo que pase ante su vista; descúbrense los hombres, y rompiendo el silencio que la emoción y el respeto imponen, se escuchan los solemnes compases de la gran marcha de El Profeta, que inician valientes los clarines de la banda de alabarderos. La Reina ha salido de su cámara. Momentos después aparecen ante la ansiosa curiosidad del público, y en primer término, marcando sin querer el compás de la marcha, el jefe de mozos de oficio con el libro de Su Majestad Oficios divinos á que asiste la Corte, que en 1892 editó, por iniciativa de la duquesa de Alba, la Casa Real, y el conserje primero, ambos con traje de gala. Estos servidores de Palacio ocupan hoy el lugar en que antes iban dos alcaldes de casa y corte con togas y varas, detrás de los que marchaban los pajes del Rey, puestos que hoy se han suprimido. Siguen á los servidores indicados los gentiles hombres de casa y boca, de calzón corto, chaleco abierto, con pechera de encajes y casaca con las costuras bordadas de oro; los mayordomos de semana, con sus bastones, como los anteriores, en doble hilera y, como ellos, con casacas bordadas de oro, aunque con distinto bordado; y por último, los Grandes de España, luciendo los uniformes de las Maestranzas, órdenes militares ó cuerpos armados á que pertenezcan, precediendo á la Reina y cubiertos por antiguo privilegio. Sola y ea medio de guardias alabarderos marcha S. M. llevando, siempre con suprema distinción y arrogancia, espléndidos tocados y preseas de gran valor y exquisito gusto. Contra la costumbre de tiempos de Carlos IV, la princesa Mercedes y las infantas María Teresa é Isabel siguen á la Reina en la comitiva, pues antes el príncipe y los infantes precedían al Rey. i También en id, referida época seguían á S. M. el mayordomo mayor y el capitán de guardias de Gorps, que era el hoy comandante general de Alabarderos, siempre que no asistiesen embajadores; que en caso de concurrir éstos, aquellos dos funcionarios palatinos habrían de seguir á los representantes extranjeros; y cerraba la comitiva, formando semicírculo, un zaguanete de los mencionados guardias Hoy va detrás de la Reina el jefe superior de Palacio, mayordomo mayor, duque de Sotomayor, y cerca los prelados que asistan, y siguiendo á la Familia real, la condesa de Bástago, actual camarera mayor de S. M. la duquesa de San Carlos, aya de la infanta, la condesa de Toreno, camarera mayor de la infanta Isabel, las damas de guardia con las cuatro augustas damas citadas, y las que asistan previa invitación.