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un cuadro nada edificante, pero el palomar prosperaba; no cabían en las garitas los moradores; y como no matábamos la cría, la tribu se desbordaba por tejados, aleros y chimeneas; nuestra bandada era tan densa, que por las mañanas asombraba el trozo de cielo visible desde los balcones y ventanas del patio. Un día, mirando hacia el tejado del cual habíanse apoderado las palomas, vi una cosa que me dejó aturdida de emoción: una paloma nueva, desconocida, pero del mismo color, exactamente del mismo color del trozo de cielo. Una paloma de plumaje de turquesas, un ave que parecía flor, un ser divino. He dicho antes que la niñez no razona muchas cosas, pero su instinto es cualidad maravillosa, mal estudiada aún. ¿Quién me había enseñado á mí que una paloma azul no existía en la realidad, que sólo podía venir del infinito? Los colores de las palomas eran variadísimos. Las había verde metálico, gris perla, nacaradas, con tonos y cambiantes cobrizos Pero ¡aquel azull aquel era exactamente el matiz de mi alma, era la nota de mis ensueños, mi mismo ser, impregnado, bañado en el fluido de las lejanías misteriosas y la onda clara de los dilatados mares Y la paloma de plumaje de turquesas aleteaba dentro de mí, y yo suponía que, después de aparecérseme un instante, iba á levantar el vuelo, perdiéndose otra vez en su elemento propio, la bóvédadé turquesa también, que se extendía sobre los prosaicos tejados, justificando la copla popular: Kl cielo de Marineda está cubierto de azul Con gran sorpresa mía, la sobrenatural paloma se confundió entre las demás vulgares; púsose á seguir á una hembra feúcha, gris pizarra, y porque se atravesó un palomo canelo, le atizó tan feroz picotazo, que le arrancó plumas tintas en sangre. A todo esto, la familia había acudido, y asombrada del color de la paloma, resolvía su captura. Cuando vi que iban á recluir en una jaula á la paloma azul, quó ardiente deseo me entró de que huyese, de que levantase el vuelo y se perdiese, ligera flor cerúlea, en el abiamo del firmamentol Porque me parecía un sacrilegio ponerle la mano encima, y resolví libertarla, abrir su cárcel, restituirla á su esfera propia. Con granos de trigo y pan desmigajado atrajeron á la paloma hasta meterla en casa, donde, cerrada de pronto una ventana, quedó á merced de los cazadores. Palpitante la cogieron, y examinaron atentamente sus plumas, pétalos de flor extraña, entablándose dis 3 usión acerca de si aquello era ó no era natural. tEstá teñida, decían los más; pero entre los criados, espíritus sencillos, hubo alguno quo hasta afirmó haber visto palomas así, aunquemuyraras, y siempre proféticas, anunciadoras de grandes acontecimientos. Mis simpatías estaban absolutamente con los criados (caso muy frecuente en la niñez) ¡Teñida la paloma! ¡Vaya una ocurrencia! ¿Pueden las palomas teñirse? ¿Cómo se tifien? ¿No era más natural creer que uno de los huevecillos preciosos que yo veía en los nidos llevaba en sí, por misteriosa obra de fuerzas desconocidas, el matiz celeste del plumaje, tan igual, tan puro; aquel azul delicado, celeste, luminoso al sol? Veinticuatro horas llevaba la paloma en la jaula sin que hubiese podido subirme á una silla para darla libertad- ¡estaba tan alto el clavo y yo era tan chica! -coando recibimos recado do unos vecinos que poseían palomar y reclamaban la devolución de una paloma blanca, teñida con añil, la víspera, por los chiquillos Sentí el olor, la glacial punzada del desengaño. Me puse triste; mi espíritu se encogió. ¡Teñida, falsa, artificial la soñada paloma! Y por una de las lecturas que sobrepujaban á mi entendimiento de diez años, y en las cuales me enfrascaba entonces, supe aquella misma tarde que tampoco, ¡lástima grande! es azul el cielo. Y me dolieron y me sangraron las alas de la fantasía, que, ¡esas sí! eran bien azules EMILIA PAEDO BAZÁN D 48 UJ 0 S DB KBelDOB