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m c LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO i consideramos como apóstol á Gstebarj, que fué la primera víctima óe las ¡ñeas cristianas, con mayor razóo óebemos tener por apóstol á d. ü o e Tarsi- S llamabo Patilos ó Pablo en griego, es 5 e qae comenzó so predicación y su propaganda, las más activas y eficaces que el munido ba ccoocióo. Saülo, qae por sa elocuencia, por su conocimiento de la lengua griega popular, no óe la clásica, que oo se pablaba er iria ni eo Palestina, y por su genio superior se había becbo temible á los cristianos, íiespués óe haberlos perseguido, cometiendo con ellos las mayores iniquióaóes eo Jerusalén y en to 5 a Juíea, se encamina á Damasco lleno 5 e intenciones perversas. Por el árióo camino, abrasado óe sol, va i ulo calculando in mente el borror la matanza de cristianos, e acerca ya á la ciudad, cuyos e terrados blancos y esbeltos minaretes se divisan al través de las palmeras y los olivos. De súbito. UT resplandor maravilloso, trueno, centella, ó cosa tal, le detiene y le arroja al suelo sin habla. Gl resplandor servía de nimbo á la suave figura del Redentor y el trueno de eco á ciertas misteriosas y dulces palabras, aulo se levanta: esta convertido.