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safas, prírjdpe 6 e saogre real óe la casa de üavíñ, Fué bijo óe Amos, bcr- maDO óe Amasias, rey óe Jüóá, y cüña o 6 e r ai) asés, qüieo al llegar al trooo maoóó matar á Isaías, bacieoóo qae fuera aserrado su cuerpo coo üoa sierra 5 e mañera poco afilada para qae el tormeijto fuese más erad. Las razories que naoasés tüvo para sacrificar óe tarj bárbaro moóo al ilustre profeta faeroi? las n? ¡smas que toóos los déspotas y tiranos que ti) el muijóo bai) sido alegaroi) siempre, SÍD apreoñer las leccioQes óe la f istoria, para creer que mataodo al hombre se bace perecer las ideas que COQ SU palabra afirma y sostiene, Y Hadases se equivocó, cual se bar? equivocado siempre toóos los déspotas y ti raijos. Coo sü sangre confirmó Isaías lo que CD seseóla y cuatro años de predicacíÓD coostaofe babía sosterjido y divulgado: la ruioa y destrucción total del pueblo corrompido é iofame y de los malos pastores que le apacerjtabao; la ¡Qvasióíj y óomípacióo extranjeras; eij fia la depuración del pueblo bajo el yugo del epemigo. la liberación final, y lo que era cien veces más importante: la venida del Hesías, tan esperado y anbelado. Los discursos en que Isaías profetiza las destrucciones, asolamientos y fieros males que sobre su pueblo habían de venir, son, sin duda, menos bellos, más parecidos á las demás profecías que aquellos ep que anuncia la venida de Jesucristo y su reinado en la tierra. En éstos es en los que se advierte la singular clarividencia del orador, Sü arte para impresionar y seducir al auditorio con la perspectiva de un porvenT de gloria y de felicidad en el mundo. Isaías tenía que ser, por fuerza, popularísimo. Cuanto pensaba y decía halagaba á los buenos, á los pobres, a los desheredados, á los oprimidos. Por eso le mataron los ricos, los opresores. sangre babía de ser fecunda, sangre de hoy que al caer en el terruño lleva en sí el germen de las flores de mañana. Los augurios del profeta se cumplieron todos. Desolóse y destruyóse el pueblo maldito, y los tiranos que mandaron aserrar el cuerpo de Isaías perecieron sin esperanza de perdón.