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LOS MOSQUITOS DILETTANTI Que aeres tan extrafios á nueBtaro modo de existir, como son los peces, experimenten sensaciones como las expresadas, es natural después de todo; al fin y al cabo, son organismos vivos, y éstas son sensaciones de orden físico. Pero que otros seres, también muy inferiores, se deleiten con sensaciones de orden muy elevado, casi podemos decir psicológicas, ya parece más extraño y maravilloso. Me refiero á lo que ocurre con los mosquitos. Ya se ha dicho y repetido que á estos animalillos les agradan unos colores y les repugnan otros, hecho que tiene que provenir de que en la contemplación de los primeros sientan placer y recreo como nosotros ante una obra de arte, y la de los segundos les dafie y les inquiete como todo lo que rompa, á modo de discordancia, una armonía de cualquier linaje. Pero hay otro fenómeno más notable, y es el afán, el gusto que los dichos mosquitos muestran por la buena música, y tanto más cuanto más fina y delicada sea. Son curiosísimas á este respecto las observaciones hechas en Madagascar por el doctor Joly, médico de Marina. Guantas veces una persona se ha puesto á tocar en una habitación un violín ó un acordeón, produciendo notas agudas y pianísimas, todos los mosquitos posados en las paredes ú ocultos en los rincones y en los muebles acuden alrededor del instrumento, y se les ve volar y revolar, ir y venir, danzar verdaderamente al son de la música, mostrando bien á las claras el deleite que experimentan. Ha observado asimismo el doctor Joly que lo que más agrada á los mosquitos es la música de los instrumientos de cuerda, y las notas agudas más que las graves. Disgústales el ruido desordenado y el estrépito discordante de los panderos y tambores. Besulta de aquí que los níosquitos tienen un oído musical más delicado que la mayor parte de los hombres de los pueblos primitivos y razas inferiores, y que esta divergencia es protectora para éstos, pues el ruido infernal y la música ratonera que divierte á los salvajes, horroriza y ahuyenta á los mosquitos. EL HOIÍOK EN LOS ANIMALES El sentimiento del honor no es propiedad exclusiva del hombre, digo, de algunos hombres. También existe entre los animales. En Arizona, por ejemplo, abunda una especie de ratas q e nunca roban algo sin dejar un equivalente en su lugar. En el cambio, naturalmente, estos curiosos animales llevan siempre la mejor parte; pero esto no disminuye el mérito de su acción. Es costumbre entre los mineros de Arizona cuando se ausentan de la choza que les ha servido de guarida, dejar algunos comestibles para los viajeros que vayan detrás. Apenas el hombre deja su habitación, las ratas la invaden, devoran ó se llevan á sus huras los comestibles y reemplazan éstos por piedras, trozos de árboles y otros objetos, á veces tan pesados, que parece imposible que los animales hayan podido transportarlos. Pero esto mismo demuestra su honradez. Han notado, sin duda, que los mineros recogen y examinan con cuidado toda clase de piedras, que se procuran y hacinan lefia, y las pobres ratas trabajan y sudan por llevarles los objetos que buscan, y se llevan lo que los hombres dejan. Cuando alguna vez un minero, por distraerse en aquellas soledades, protege y acaricia alguna de estas ratas y parte su comida con ella, el animal devuelve ó paga el beneficio construyendo alrededor de la habitación del hombre una espesa barricada con cactus y otras plantas espinosas para protegerle de muchas alimañas muy perjudiciales que por allí rastrean. No se dirá que estos animales no son honorables y agradecidos. VlCBNTB VEEA jyy r- 5 r- f. i DIBUJOS DB BEOIDOK