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ULltLiViUiMiAb líUKALüS Uh ¡SEMAJMA SAJMTA j 0 D 4. -v: iA hay e a más de un. pueblo y de dos de Andalucía ceremonias tradicionales de Semana Santa que asi están dispuestos á dejar como de pasarse al moro. En todos vienen á ser las mismas, salvo alguno que otro detalle suntuario que en nada afecta á la gravedad del conjunto. En la noche del jueves al viernes hay sermón de Pasión, según el rito; en dicho sermón suele haher accidentes, alusiones y ceremonias indispensables, que son al sagrado discurso lo que las trufas á cualquier guisado. Donde hay nazarenos con buena trompetería de hojalata, de esa que lanza un son parecido á un cafionazo, es de rigor que el predicador diga de vez en cuando, así al no me entiendes y como accidente descriptivo de la Pasión, sonaban las roncas trompetas ó bien, entre el clamor de las roncas trompetas iba Jesús á cuya evocación, hecha por tradicional concierto, todas las roncas trompetas allí presentes apuntan á un tiempo al auditorio y disparan un largo y formidable y temeroso mugido que hace temblar las bóvedas. Después viene la publicación de la Sentencia; rompiendo la hilación del sermón, salta un tagarote desde el coro alto cantando la sentencia dada por Poncio Pilato, Presidente de la Jndea y del imperio romano, debidamente comentada por el predicador, quien pone de azul y oro al oficioso notificante, el cual también se lleva buena rociada de ofensas personales que sus convecinos le dirigen. Cuando la indignación llega á su punto, viene él ángel á calmarla, también desde el coro, cantando su profecía. ¡Esa es la verdad! -dice el auditorio. ¡Y que no hay quien te la desmienta! -suele decir algún fiel cristiano henchido de satisfacción. El cuaresmal explica después la profecía, y entre el clamor de las roncas trompetas baja del pulpito para continuar el sermón desde algún balconcillo de la plaza. Sale la procesión; la imagen del Redentor con la cruz á cuestas precede á las de la Virgen y San Juan. Y mientras el predicador evócalos últimos pasos por la tremenda calle de la Amargura, los que llevan: las andas simulan lo mejor que pueden la angustiosa marcha, ora metiéndose por una calleja y saliendo por otra, ora bordeando las tapias de los corrales que dan al campo, mientras los portadores de la Virgen y de San Juan les siguen de lejos, los pierden de vista, ó súbitamente se encuentran en alguna esquina. Al regresar á la iglesia suele haber despedida. La despfadida consiste en una serie de pasos hacia atrás y hacia adelante, de agachadillas y balanceos que hacen dar á las imágenes, estando unas frente á las otras, durante la cual ceremonia, que no es breve, el pueblo se enternece y prorrumpe en misericordiosas exclamaciones. El viernes por la tarde es el Descendimiento. Convertido el presbiterio en Monte Calvario, merced á las matas de romero y hojarasca de que lo cubren, entran allíj cuando la voz del cuaresmal les requiere, dos robustos vecinos, escalera en mano, vestidos de albas y ceñidos con fajos negros. Apoyan las escaleras en la cruz y van ejecutando cuanto el predicador les dice, todo muy pausada y solemnemente. Sólo por este medio seguramente entra en el pueblo la sombría grandeza de la Pasión. ÍÉl escalofrío trágico llega á su más alta tensión cuando los santos varones presentan; la imagen desclavada ante las andas de la Virgen. ¡Llevádsele á su madre! -grita el predicador, -y un coro de gemidos, de sollozos epilépticos acompaña la fúnebre ceremonia, durante la cual los siete puñales parece que abren heridas de verdad, hondas y sangrientas. Lo demás no tiene nada de característico. El Santo Entierro, la última Estación de la Vía Sacra y la breve espera del Sábado de Gloria, en que á punto de romperse él velo suenan los trabucazos, matando á J u í a s en medio de las calles, en el centro de las plazas, en las esquinas llenas de gente. El sol resplandece en el aire tibio y claro, en los campos llenos de verdor de mieses, en las puras arboledas vestidas de hoja nueva, henchidas dé pájaros amorosos, de las que sale un rumor de vida, como otro repique de gloria anunciando la Pascua, la resurrección del mundo en la ñorlda primavera. JOSÉ NOGALES DISUJO i R axaiDOB.