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El buscado valido no pareció por ninguna parte, y el pueblo, dando pruebas de que siempre, hasta en sus arrebatos de cólera, preside un sentinaiento de justicia, trasladaba en un coche á palacio, y con todo género de miramientos, á la esposa y á las hijas de Godoy, devolvía al monarca las veneras y cruces del favorito y se contentaba con desahogar sus iras en estruendosos mueras y en no menos entusiastas vivas. Vistos estos sucesos, y vendiendo tal vez por prudencia lo que en realidad era sólo temor, en la mafiana del siguiente día Carlos IV expidió é hizo publicar el siguiente decreto: Queriendo mandar por mi persona ¿1 ejército y la marina, he venido en exonerar á D. Manuel Godoy de sus empleos de generalísimo y almirante, concediéndole su retiro donde le acomode. Tendréislo entendido y lo comunicaréis á quien corresponda. -Aranjuez 18 de Marzo de 1808. -A D. Antonio Olaguer Feliú. El pueblo, en quien el odio al favorito era el sentimiento dominante, acudió ante los balconea de Palacio á aplaudir y vitorear al rey, que hacia mucho tiempo no había visto tan calurosa manifestación de amor por parte de siis vasallos, IV Entretanto, ¿qué había sido de Godoy? El asalto de su casa le sorprendió en el momento en que acababa de cenar. El tumulto le hizo comprender lo inminente del peligro, y envolviéndose en un capote de bayetón que encontró á mano, apenas tuvo tiempo de coger un panecillo de la mesa, tomar algún dinero y poner dos pistolas en el bolsillo. Con tan modesto equipaje quiso buscar salida por la casa contigu -quepertenecía á la duquesa de Osuna; pero hallando la comunicación cerrada, sólo logró retirarse á un desván, donde oculto entre un rollo de esteras, estuvo treinta, y seis horas sufriendo los más horribles tormentos. La mafiana del 19, acosado por la sed, salió dé su escondite; quiso enternecer al centinela; pero dada por éste la voz de alarma tuvo que rendirse, sin haber querido hacer uso de las pistolas que conservaba en loa bolsillos. La noticia de la prisión del generalísimo corrió por Aranjuez con la velocidad del rayo. Aquel tumultuoso mar de capas de grana y de sombreros apuntados rodeó bien pronto la casa del favorito, y los guardias, al conducir al preso desde allí al cuartel que había de servirle de cárcel, tuvieron que hacer titánicos esfuerzos por defender la vida del que días antes era arbitro de los destinos de la monarquía. Herido de una pedrada sobre una ceja, abatido y humillado, terminó el omnipotente D. Manuel aquel corto calvario. Carlos IV y María Luisa no tardaron en enterarse de todo, y la mayor consternación se apoderó de ellos. En su desesperación, comprendieron que el príncipe Fernando era el único que podía salvar la vida de su lesgraciado amigo y uno y otro, olvidando momentáneamente sus renco re? corrieron á impetrar de su hijo el favor de que se interpusiera entre el pueblo y el valido. Entonces fué cuando Fernando llegó hasta Godoy para dirigirle estas palabras, que ha conservado la Historia: -Yo te perdono la vida. ¿Sois ya rey? preguntó Godoy con amarga extrañeza. -Todavía no; pero pronto lo seré, -respondió con seguridad el Príncipe, Esta última frase era una profecía que no había de tardar en cumplirse. V A las siete de aquella tarde, el rey, que sólo pensaba en salvar la vida de Godoy, reunió á sus ministros, y una hora después publicaba este decreto: Como los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis reinos, y me sea preciso para mi salud gozar en un clima más templado de la tranqiiilidad de la vida privada, he determinado, después de la más seria deliberación, abdicar mi corona en mi heredero y mi muy caro hijo el Príncipe de Asturias. Por lo tanto, es mi real voluntad que sea reconocido como rey y sefior natural de todos mis reinos y dominios. Y para que este decreto de libre y espontánea abdicación tenga exacto y debido cumplimiento, lo comunicaréis al Consejo y demás á quien corresponda. -Dado en Aranjuez á 19 de Marzo de 1808. -Yo el Bey. -A D. Pedro Ceballos. De este modo hizo Carlos IV una abdicación de que muy en breve había de protestar. Merced á ella, Godoy pudo salir de Aranjuez sin riesgo alguno, para ser encerrado en el castillo de Villaviciosa, donde sólo ecsiavo algunos días, basta que, á instancia de los franceses, se le dio libertad. El día 24 del mismo mes verificaba Fernando VII su entrada en Madrid entre un verdadero delirio popular. Los mismos que se oponían á la ocupación francesa, porque la creían obra de Carlos IV y del favorito, se extasiaban al ver los vistosos uniformes de los que Fernando llamaba sus amigos y aliados sólo porque el suspirado monarca los miraba con buenos ojos. Carlos IV se arrepentía á las pocas horas de los resultados del motín de Aranjuez. El pueblo español necesitaba más tiempo. Sin embargo, depuestas ya las vencedoras armas después de la brillante epopeya que había de comenzar pocos días después, no dejó de comprender que había ganado bien poco el 19 de Marzo de 1808 colocando en el trono á aquel deseado Fernando, que supo pagar con la más negra de las ingratitudes el ciego amor que le tuvieron sus vasallos, ANGBL K. CHAVES DIBUJOS D K D O M I K G O MUÑOZ