Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
¿Sabes lo que he pensado, Vicente? Qae vengas conmigo. ¡Yol Para volverme sólo si encuentras á tn rey El pastor quería hablar en son de burla; pero los álamos cabeceaban y movíanlas hojas murmurando. Sabían el secreto de Vicente; sabían que lo mismo que hay en el cielo nubes y en la noche estrellas, en la risa del mozo había lágrimas, porque el amor tenía nido en su corazón, y donde el amor hace nido nacen penas y brotan llantos. -Entonces iré sola sólita Y echó á andar. Iba cayendo la tarde; la luz se escapaba monte arriba y las sombras salían de la tierra. Eh, Carlotical- -gritó Vicente desde muy lejos, allá en lo alto de una loma. ¿Qué quieres? -dijo ella sin detenerse. -Aguarda un poco, que voy contigo. Y juntos se fueron en busca del rey. Era fiesta en la corte cuando llegaron. Volvía el monarca de la guerra. Sonaban trompas y clarines, celebrando con viejos himnos victorias nuevas. Desfilaban los ejércitos pausadamente, como anillos de sierpe gigantesca que se desperezase. Eelumbraban al sol corazas y cascos, y el estruendo de las armas marcaba el paso de los guerreros. ¡Gloria al vencedorl ¡Gloria al veneedorl iilfflniwí innirr 1 V N L R? r- Jj í Kl Carlotica miraba pasar la comitiva. Traía los pies ensangrentados del camino, el rostro pálido y los ojos brillantes. ¿Llega, Vicente? ¡El rey I ¡El rey! Pasó. Iba con armas negras, sobre un caballo negro, y de sus ojos, negros también, brotaban haces de rayos crueles. Era viejo y terrible. ¡Pasol- -gritaba- ¡pasol Y al oir la voz dura, que salía tronando de su garganta de bronce, el pueblo temblaba. Iba ya lejos, y aún la polvareda que alzaba su corcel, incendiada por el sol, parecía envolver ia pujante figura en nubes de sangre y de fuego. Carlotica lloraba: la sombría figura del rey soldado había deshecho su ensueño. De vuelta á su choza, repetía tristemente: ¡Mi rey se ha muerto mi rey se ha muertol Ya junto al estanque, sentóse al pie de los álamos, que paseándole las sombras movedizES por el rostro, parecían querer enjugar sus lágrimas. ¡Carlota, Carlotical- -suspiraba Vicente; ¡sitii supieras! Y cabeceando los álamos, decían: iNosotros lo sabemos; nosotros lo sabemos Puso el pastor las manos sobre los hombros de la nifia, que seguía llorando. ¡Carlota, Carlotica! Alzó ella la cabeza para mirar al cielo y á mitad de camino encontró su mirada por vez primera los ojos del pastor. Y sucedió que los ojos de Vicente eran verdes como las aguas El amor, sabio en cuentos, puso fin á la historia; y bajo el suave imperio de sus risas renació eu el alma de la pastora el viejo ensueño, y el pastor fué rey G, MARTÍNEZ SIERRA DIDUJOS DE VARBLA