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dolas para la felicidad ajena, y sin acordarse de que también la potencia intelectual se acaba, de que la vejez no perdona á nadie, y llega un día en que hay que pensar en el dinero que se apartó. ¡Apartar dinero un hombre de teatro! Eso no se ha visto nunca, y no podía ser él la excepción. ¿Qaó será esto, me decía dos años há, que en cuanto cambio un billete de mil pesetas desaparece? -Todo el secreto de la vida, le decía yo, consiste en eso. Los billetes ó se cambian ó se guardan. Pero ni tú ni yo tenemos donde guardarlos. Su terror del mar parecía una predestinación, porque no ha nacido quien sintiera espanto parecido al AMÉRICA, 1895 ¡Qué existencia tan gloriosa, qué actor tan grande, qué reputación tan legítima, y qué fin tan triste! ¡Pobre Vico! dicen los periódicos. ¡Feliz él! digo yo; porque conocí su modo de ser, le vi en la intimidad, en labor incesante, buscando siempre los miles de pesetas, ganándolas cuando quería, empleándolas en bien de todos, derrochan VICO E N J U A N J O S É sayo en cuanto se veía embarcado; la travesía era para él na verdadera enfermedad Y en el mar ha muerto; y ha sido milagro que no haya sido arrojado al agua. Dos ó tres días más de navegación, y hubiera caído al fondo del mar á presencia de los pasajeros. Casi hubiera sido mejor que el entierro en un país que ya no es nuestro; en tierra conquistada Todas las desdichas á última hora; pero al fin descansa, y para él hizo Becker sus versos: tlOh, qué amor tan callado el de la muerte! I Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo! ExjsBBio BLASCO MADRID, 1901