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V I S T A D E LA P L A Z A D E V A S C O N I A Y D E L C A S I N O D E LA N U E V A B I L B A O UNA GRAN CIUDAD EN PROYECTO BIXvBJLO I JL j iN empacho alguno hubiéramos encabezado este artículo con el título de Las grandes ciudades que solemos usar para hablar de Pekín ó de Buenos Aires, de Nueva- York ó de Florencia. En efecto, si el lector se fija en los grabados que ilustran estas páginas, se inclinará por un momento á creer que aquéllas representan vistas de alguna gran ciudad de esas que los norteamericanos hacen brotar á fuerza de millones y de entusiasmo en parajes desiertos poco há. Si decimos que esa ciudad se alza ó ha de alzarse en tierra española, dudará el lector no poco; pero cuando afiadamos que tal ciudades Bilbao la nueva, la futura Bilbao, gran parte de sus dudas se desvanecerán en breve, porque España tiene fe en Bilbao, en la tenacidad, en la osadía y en el espíritu emprendedor de los bilbaínos, en el valer de aquel pueblo que sabe convertir su heroísmo bélico en esfuerzo industrial cuando el caso llega. Nadie ignora que én los últimos treinta años el número de los habitantes de Bilbao se ha cuadru plicado. Ya en 1870 era una plaza comercial de las más respetables; pero entonces f aé cuando comenzó la explotación en grande escala tte aquellas riquísimas minas de hierro, qu e han convertido á Bilbao en un verdadero emporio de riqueza, PLANO DE LA NUTKY Los habitantes de Bilbao no caben ya en las casas de la población vieja, en las construidas en el ensanche, ni siquiera en los suburbios de la invicta villa. Insuficiente resulta asimismo la red de ferrocarriles y tranvías que unen á la capital con los pueblos inmediatos. Construido el puerto en la desembocadura del Nervión, y atrayendo ya hacia sí todo el movimiento de la actividad mercantil é industrial, se ha hecho patente la necesidad de emplazar en el mismo puerto una población marítimo- comercial con vida propia y comunicaciones directas que la unan á toda Vizcaya y al resto de España. Aspírase nada menos que á hacer del puerto bilbaíno el lazo que una el comercio de toda España con el del mundo entero por la vía marítima, y si tal aspiración se apodera enérgicamente del alma testaruda de los bilbaínos, claro es que habrá de realizarse pronto. P o c o s españolea acomodados desconocen los cuatro pueblecitos que en semicírculo rodean el puerto. ¿Quién no ha recalado en excursión veraniega por Algorta y las Arenas, Portugalete y Santurce? Entre estos últimos dos pueblos, donde nadie había pensado que podría hacer la humanidad otra CIUDAD cosa que remojarse la piel