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N el baile de Piñata se despide todos los años de sus admiradores S. M. el Carnaval. Las puertas de los teatros donde se ha rendido culto á Terpsicore disfrazada, aparecen abarrotadas por gruesos montones de papel, restos de las serpentinas tiradas de palco en palco con la nerviosidad de la alegría. La niveladora escoba del barrendero barre estos últimos restos del Carnaval, y hasta el afio que viene, que volveremos á celebrar con más ó menos pompa su aniversario. Y á otra cosa. Terminada la audiencia concedida por el año al Carnaval, le toca el turno inmediato á la Cuaresma, que, vestida de negro, vieja y macilenta, deja por donde pasa, á modo de perfume, fuerte olor á potaje con todas sus consecuencias. Nadie más indicada que la Cuaresma para usar antifaz; sería un medio discreto de ocultar á las gentes su repugnante rostro, y quién sabe si gracias al incógnito conseguiría más prosélitos. Como una de las mortificaciones y de los mayores castigos que se da en estos días al cuerpo es el de no comer carne, el pescado pasa á ocupar el primer lugar, libre de competencia. Y por si la gente fuese flaca de memoria, ya se encarga el mismo calendario, en piadosos avisos, de decir: Hoy no se puede comer carne, aunque para muchos este recordatorio está de más, pues los hay tan sumamente descreídos, que se sonríen hasta de la resurrección de la carne. El bacalao aparece en las tiendas de ultramarinos colocado en lugar preferente en el período cuaresmal, y muchos coloniales que se dedican á cultivar la forma poética con tanto éxito como el sistema de pesas y medidas, dedican al sublime hijo de Escocia sus más inspirados acentos, y se ven en los escaparates cosas por este estilo: Yo soy mejor que gallina! iNada como el bacalado, que se come, ora ya frito, ya guisado! O esta otra: Soy un bacalao tan bueno, que sin ponerme en remojo, con sólo que usted me compre en seguidita me esponjo. Yo profeso verdadero odio al bacalao; esa antipática figura de bandurria colgada en la puerta de los ultramarinos me pone nervioso, y eso que no llega en este punto á la animadversión de mucha gente que, entre otras cosas, todavía no ha podido explicarse por qué este pescado no tiene cabeza, y si la tiene, para qué sirve y qué hacen con ella, lo que podría constituir en estos días una verdadera información. Y el motivo de mi odio está en que su presencia me vuelve á los días malos sufridos en el cautiverio de una patrona que veía en él su salvación; á él se agarraba como se agarra el muérdago á la encina; y como el bacalao tiene varias transformaciones, hasta el punto de podérsele llamar el Frégoli de los pescados, pues unas veces se nos presenta á la vizcaína, otras con arroz, si que también en colaboración con las patatas, aquella mi patrona de los días de estudiante lo sabía poner desgraciadamente de varios modos, y la broma duraba toda la Cuaresma. Y que el indispensable plato de estos días de vigilia es mucho más importante de lo que á primera vista parece. Porque en España, cuando queremos significar algo extraordinario en una persona, decimos que es el que corta el bacalao. LUIS G A B A L D O N DIBUJO Da XAUDARÓ