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-j -W V ARMANDO PALACIO VALDÉS R I M Í autor de Riverita vive en Madrid, más allá de la puerta de Alcalá, frente al Retiro. Y apenas los l l árboles de este paseo empiezan á sentir en sus ramas el alegre peso de la vida y el aire se impreg na de olor á violetas, Armando Palacio Valdés no vive ya en su casa de la calle de Alcalá frente al Retiro, sino que vive en el Retiro mismo. Por aquellas sendas, que más que á la Naturaleza deben su encanto á la soledad, pasea Palacio Valdés sus sueños, dialoga con los personajes de sus obras y medita acerca de la vida, que llega entonces á sus oídos como rumor lejano y confuso y se desborda en sus libros como realidad avasalladora y esplendente. Espíritu sagaz el suyo, con delicadezas y ternuras inefables, espántale á Palacio Valdés, como les espanta á todas las almas verdaderamente superiores, el choque menudo y vulgar de los odios, y más aún de las amistades, única trabazón de esta menguada vida literaria nuestra. Sacrifica gustoso la fama bullanguera por conservar ese hermoso pudor rodeado de noble independencia que caracterzaá todos los espíritus creadores. Y así se explica que siendo la suya una de las personalidades más originales, más verdaderas y más eminentes de la novela española contempoi- ánea, su nombre no padezca á cada instante las fatigas del adjetivo en los periódicos de gran circulación, y que sus hermosísimas obras, traducidas apenas nacen á dos ó tres idiomas europeos, sempjen para el público español, como lo son efectivamente, obras engendradas su aquellas hermosas sendas solitarias del Retiro. La fama de Palacio Valdés, hija de familia aristocrática y opulenta, se fué ó se la llevaron al extranjero en tiernísima edad, y allí se ha desarrollado y ha crecido, siendo hoy una gentilísima moza, encanto de los holandeses, de los ingleses y aun de los yanquis. De vez en cuando regresa á España, sorprende al autor de La hermana San Sulpieio en la consabida senda del Retiro, estampa en su rostro unos cuantos besos filiales y torna rápida á que la piropeen en Europa ó en América, llevándose á lo sumo, como recuerdo de la expedición, un ramo de violetas españolas. Tengo completa seguridad de que al eminente novelista asturiano lepreocupa muy poco esa desproporción entre sus grandes méritos y el reconocimiento vocinglero de ellos, y realmente el autor de obras tan hermosas como El idilio de un enfermo, Marta y María, Mivsrita, Maximina, El señorito Octavio, José, la Alegría del capitán Bibot y muchas más que son gala y orgullo de la literatura contemporánea, podría observar, con una sonrisa dulcemente irónica en los labios si se dedicase á las investigaciones microscópicas, las terribles luchas por la notoriedad que mueven á cada instante los infusorios en el mar de una gota de agua. ¡Bien hace el literato nacido en el humilde y hermoso rincón de Asturias, donde se asienta Pola de Labiana, en entregarse por completo á sus sueños creadores hollando las olvidadas sendas del Retirol En ellas podréis encontrarle siguiendo con la mirada dulce de sus ojos claros á varios hijos suyos, hijos de su cerebro, que caminan á acoplarse en la acción de una nueva novela. Con eldelicado humorismo desu espíritu, Palacio Valdés les recomienda mil y mil cosas á la vez, graciosas y sutiles, y cuando empieza á anochecer. Palacio y su progenie regresan a! hogar sin que les saluden los guardas ni haya rugido en su loor el león de la Casa de fieras. Pero todos vuelven tan contentos, con la conciencia de vivir mucho, porque han sentido las caricias de la belleza, ¡la diosa de las caricias inmortales! JOSÉ DE E O L R E