Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ANIVERSARIO DE CAMPOAMOR í q L día 12 del actual se cumplió el primer anil l j V versarlo de la muerte del gran poeta, cuyo retrato á los treinta años de edad, reproducido de artística miniatura, publicamos en el centro de esta página. Aún no se ha escuchado la voz que proponga construir un monumento á su fama; y esa voz, haya de ser de quien fuere, hace bien en callarse todavía, porque así como á los políticos ó á los oradores es preciso erigirles monumentos en vida ó á raíz de su fallecimiento, so pena de que el olvido sea la única piedra que se encuentre para aquéllos si la glorificación se retrasara algún tiempo, Oampoamor puede esperar décadas y décadas á que sus conciudadanos le dediquen el homenaje de pedestales, estatuas, figuras alegóricas éinscripcionesencomiásticas. Desde la inmortalidad, la espera, por mucho que se prolongue, es un vuelo de mariposa, y quien como él no quiso coronas en vida, ¿por qué ha de desear estatuas en muerte? Acosáronle repetidas veces para que rindiera su hermosa cabeza á la fatiga del laurel, y siempre se rebeló ante la idea de que en sus canas y sus pensamientos se mezclara la gloria oficial, quitándole con ello de hombre lo que le añadían de genio. Eso hizo cuando la flaca naturaleza contaminaba necesariamente de vanidad algunas gotas, aunque pocas, de su sangre; hoy que ya esas gotas de sangre y las venas que la contenían se secaron CASA DE LA FINCA QUE POSEÍA EN ALICANTE CAMPOAMOB AOAKICIANDO A LOS DEL GUARDA DE SU FINCA HIJOS para siempre, ¿cómo imaginar que el maestro, desde las regiones luminosas y serenas donde mora su espíritu, contemplara gustoso alzarse un Oampoamor de piedra coronado por la fama, esa deidad tan fácil á los escultores como á las multitudes, y que aquéllos y éstas ima ginan siempre en mármol y modelan siempre en yeso? No; el gran poeta, el gran humano, el filósofo que veía las ideas en imágenes como se ve la luz en los reflejos de las piedras preciosas, no necesita más monumento que sus obras inmortales: sus obras de pensador y sus obras de poeta, esas obras que por rara circunstancia le acompañaron á la tumba, habiendo nacido para vivir siempre. Fallecido el maestro, su familia, ó mejor dicho, aquellos íntimos que acompafiaban á ésta en su duelo, encargaron el ataúd rico y severo que contuviera los despojos mortales. En ese ataúd descansaron unas pocas horas, pues el Gobierno, con iniciativa que aplaudió toda España, se encargó de los funerales del poeta y envió á la casa mortuoria otro féretro lujosísimo. Obra del Gobierno al fin, aunque esta vez generosa, el féretro oficial era demasiado grande para el cadáver del maestro, y se temió que aquellos pobres restos fueran dando tumbos en busca del postrer descanso. Entonces, á uno de los sobrinos de Oampoamor se le ocurrió, con la intuición del cariño, nivelar el féretro colocando en él los libros del muerto, y así, el autor de las Dotoms y Los pequeños poemas se llevó á la fosa una edición de esos versos que vivirán siempre. Los periódicos contaron que al verificarse la inhumación, una mujer del pueblo arrojó dentro de la tumba un ramo de flores. Con aquellos libros y estas flores, ¿qué más monumento necesita el maestro? J. DE R.