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fugitivos astrosos y espantados, J u a n el cochero de la condesa, paró en seco los caballos y preguntó en voz alta á su señora á través del biselado vidrio: ¿Le parece á su excelencia que volvamos? -Pues ¿qué pasa? -La gente grita que va subiendo el río, y si V. E. lo permite, creo q u e debemos volvernos. Adelante! ordenó la dama, que con tales noticias sintió redoblarse la inquietud por sus protegidos. Los caballos partieron al galope excitados por la furiosa lluvia incesante; pero á la entrada de la calle de Castilla se encabritaron espantados y se plantaron en firme ante una laguna invadeable donde chapoteaban enfangados coches, hombres y bestias, ijuí- lifínliin- n te luchaban ya contra las Í- HM. I -en afirmante crecida. La condii Híi, -í. al vidrio, reconocía no sin n- it t t i rreiio, y por un instante pareció vacilar; JUMO como viese que la lluvia aplacaiía, Aguárdame aquí- -dijo á su cochero y saltando ligeramente del coche, subió wtCwó á ri -itA r. nf Eí. rpS. x r i s s s s a o, a, i TM. íta rcjiíxi i j. if tote 7 j p u í a r s T C z t z u e í? re entonación estos versos de poDichoso aquel que tiene su casa á flote, su casa á flote e cSn na cTdten W o f P l- t i l l a á S a l u T q u e r ¡r r b a c T e l TMfÍ il? f l pertenecido al número de los espíritus fuertes ó de los psicólogos al uso que t or el o n, T n f ai f t i descubren oda una conciencia y condenan sin formación delausa á cualquier pro d s m o v aun corrida d f l 41i is, de fijo que sin aguardar á más se marcha indignada ante sZe -a nte 20 r a s a l Z V acas de ll vfH credulidad que la llevó á meterse en tan andantescas empresas, con ríes das en su iahurda l- encontraban tan bien halla J. condesa conocía bien á su gente andaluza, y sobre todo, era tan profundamente cristiana v carita lk nrn finTs ntr. íf. y T 1 abandonar un solo menesteroso r r v i c f o l P P de la condesa ClaVque necesiíabí r m o 3 o íl Tus Alejóse el chaval braceando por la corriente; acudieron en breve al conjuro mágico dos mocetones triane-