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LA CASA Á FLOTE A condesa Clara, como familiarmente llamaban mis paisanos á la ilustre de boto- Lindes, duquesa de Albaflori i neredera por su casa de los TM 8 ínclitos blasones andaluces y entroncada por la de su marido i la flor de la grandeza castellana, juntaba á las dos coronas de su escudo otra inmaterial y eterna que parecía esplender en torno de su cabeza r u b i a Era i una santa, y todos, empezando por el conde, inclinábanse respetuosamente delante de aque lia virtud coronaI da. Por sn caridad inagotable la Uamaban con Justicia los sevillanos la madre de lospobres, título que ella estimaba en más que g. a 5 1 fi í A j v- f, v fliW- ir- SwMS MHFW todos los de su histórica nobleza. En 1876 merecían por infeli predilección de la condesa Clara, Curro, un pobre mozo veintidós afios á quien con sumía la tisis, y Salud, su mujer, que se hallaba próxima á dar á luz su primer hijo. Curro era zapatero, y cuando se casó ganaba buen jornal; pero como la tos y las fiebres imponíanle continuas paradas, pronto se vio falto de recursos y obligado á efugiarse con su mujer en un I cuartucho bajo y humedísimo de una de las calles más hondas -y sucias de Triana, que más que calle era vertedero infecto por donde bajaban al río las inmunAUí vivían, él devorado por la tubercuiosis v AHB T TA ÍW. A barrio. cuidado alguno; pero en medio de su mfseria d i o s maternidad, y ambos sin alimentación ni lozana alegría que es pura flor de la sangre L d a f u z a P e legres, con esa algunosXs Tortt Í: te de aquel Noviembre, incomunicaron por y que toda la parte baja de Trian! se ha lLL S n d a a r o T ó r el Guadalquivir ckcía por momentos Ellapróximaásualumbramiento- pensó- éHÍ 8 ÍcoTc l 1 P ¿e S a l u d arrastradasporelagua ¿qué será de ellí, s Dios mV? y ropas empapadas ó Sní echóse sobre los hombros una capa pensar en que se hallaba convaleciente y dóbifsrn caku ar los r 1 Sevilla, -y sin gümente al coche, diciendo al lacayo q u V c e r r C l a bS p o X u e í a -T C a n a go rudS: srXlml y- de sus dehesas, arrancaron á trotelarlles angostas y enlodadas; bajo un a T c e r T t o r r e n c T a T a? r S L a Z l T laberintos de cagrandes vapores volcados quilla arriba sobre el m 7i i? i f t T f P nte, desde cuya altura se veían los naranjas que la inundación orprendió a t n t t X s k r a r e S b S a i e F r r gosas millares de estremecía al puente sobre sus firmes estribos v tan l ú dalquivir venía tan bravo, que de la parte de Triana se oyese de pronto c t r o í r r y r r a T o t- C r S Sr x M -If E cí J. jfc. Ira w f I