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xMs m 3 sí i Si- E S T A C I Ó N DEL F E R R O C A R R I L D E L S U R Buenos Aires; quien recorra las calles Eijtreriios ó Éivadavia, se dé un paseo por el precioso parque del 3 de Febrero, vulgo Palermo, ó se ensimisme en las melancólicas avenidas del, magnífico cementerio de la Recoleta, EO liudará que se encuentra en una de las ciudades mejores y más bellas del mundo; y sobre todo, si á ¡a hermosura de los edificios, qr. e hasta ator? como todos los de moderna construcción, sólo ofrecen el interés de una riqueza un poco pesada 4 m y barroca, se afiade lo deü 3 S cioso del cielo y lo templada del clima, con el cual no hay otro comparable en tuanto á suave igualdad, reconocerá que positivamente es hoy ya la capital de la Eepúblita Argentina na de las mis agradables y simpáticas viviendas del hombre. Cual sucede hace tiempo í en las grandes ciudades de los Estados Unidos de América del Norte, está sucediendo ya en Buenos Airee. Atropelladamente y fin orden, c r e c e n por allí la. s construcciones nuevas, y atí se ve en la Avenida de Majo, calle anchurosa formada por magníficos palacios, calle en que fe revelan el poderío y s la abundancia de ua pueblo; J asi se ve en el teatro Isacio- nal, uno de los mejores dtl mundo, tanto por su elegan- cia cuanto por lo escogido y selecto del espectáculo, No podemos creer, como afirman algunos escritores argentinos un tanto malhumorados, que sea pura parada (según allí se dice) afán de irse tras lo que reluce ó snobismo de ricachos improvisados, el deseo que en Buenos Aires se experimenta de ver las mejores óperas cantadas por loa mejores artistas, y os dramas y comedias más aplaudidos en E u r o p a interpretados por Sarah, por la Réjaneóporla Duse. De todos modos, si eso es afán de imitación ó manía de snobs poderosos, va durando ya mucho y merece ser atendido y considerado. Para que nada falte en la semejanza entre la República Argentina y nuestra pa tria, hasta existen allí los mismos odios que aquí han comenzado á desarrollarse, con s a n g r i e n t a injusticia, contra la capital. Un escritor argentino de gran originalidad y de admirable t e m p l e F r a n c i s c o Grandmontagne, desea, en reciente y admirable libro, que Dios incendie á Buenos Aires para salud de la República Argentina ¿Ven ustedes? ¡Lo mismo que á este lado del Atlántico! Hermanos argénticos, salud! WUITE BLACK 4 Jm I G L E S I A DE S A N T A F E L I C I T A S