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Buenos Aires es una población cosmopolita, sin carácter ni tono propio, algo amorfo, algo en esta; do de gestación. Nada más inexacto para quien conozca á fondo la ciudad y la sociedad argentina. Lo dominante allí todavía, lo que dominará siempre si loa españoles de allí y los de acá nos esforzamos por acordarnos de que los hijos del país son nuestros hermanos, es el carácter y el tono español, como la lengua española es la que, al ñn y al cabo, sobrenada por cima de toda germanía ó lengua franca de carácter comercial de las que allí se escuchan. Tíunbién hay en esto exageraciones; no es cierto que en Buenos Aires se hable un idio ma especial, distinto del castellano. Por el contrario, consérvanse allí giros de lo más castizo y clásico, frases y palabras que parecen arrancadas, si no de la prosa tiesa y arcaica de Solís, sí de las vibrantes y espontáneas relaciones de Bernal Díaz del Castillo y de Oieza de León. Claro es que en la sociedad aristocrática bonaerense, lo mismo que en la nuestra, hay excesivo consumo de terminachos ingleses y franceses; pero no puede dejar de llamar la atención el hecho de que siendo la colonia italiana la más numerosa, la que más mangonea, dirige é interviene en asuntos políticos y sociales, no se advierta, sin embargo, influencia marcada del italiano en el idioma que en Buenos Aires se habla, en el cual seguramente hay meTEATKO NACIONAL w- SB ilir nos italianismcs que en la lengua cortesana española del siglo xvi. Y 8 Í esto sucede tratándose del idioma, ¿qué no podrá decirse respecto del caráctei? Como españoles de raza, los bonaerenses son expansivos, imprevisores, d 9 una esplendidez inenarrable, de una osadía sin igual. Allí todo el mundo se atreve á todo, y, como nos su- w ¿Ui 3- S l J; LA C A T E D R A L I T cedía á los españoles en nuestros tiempos de gloria y de felicidad, habiendo una cantidad enorme de dinero, las iniciativas son grandiosas en sus principios, aunque no siempre las sostenga la constancia ni las aliente la fe. Ha contribuido á esto, que tanto influye en el aspecto de una ciudad, el vacilante paso con que hasta hace poco ha marchado en materias económicas la República, digna heredera de los grandes de España. Mas ahora ya, por fortuna, todo va afianzándose y adquiriendo solidez, y la gran ciudad va asomando por aquí y por allá, como los miembros robustos. del gigante que de la tierra emerge, sus poderosos edificios nuevos, que rompen la monotonía de la construcción antigua hecha por cuadros ó manzanas cuadradas simétricas de á cien meírosdelado, con casasdedos pisos nadamás. Quien ee coloque en el centro de la plaza de Mayo, que es la más hermosa de f ÍSPr- 11 i 5; EL BANCO HIPOTECARIO