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BASTDES ciudades hay que nos interesan por el arte, como Florencia; ó por la industria, como Manchester; ó por la rareza, como Pekín; pero Buenos Aires, hoy ya capital de América del Sur, como París es la capital de Europa, nos interesa principalmente porque en ella se muestran como en ninguna otra ciudad condensadas las cualidades buenas y malas de nuestra raza latina, y diseñado el porvenir de ésta en aquella paite del mundo. Como grande, nada tiene que envidiar á las más grandes ciudades del mundo: baste decir que la extensión superficial de Buenos Aires (18.141 hectáreas) es doble que la de París, y, por tanto, mucbo mayor que la de Berlín, Glasgow, Hamburgo, Viena y otras magníficas capitales de Europa. No obstante tamaña superficie, la población apenas llegaba al millón de habitantes en 1895. Hoy pasará con mucho, porque Buenos Aires es un pueblo cuyo aspecto y condición actual hacen pensar en la pubertad de un coloso. ¿Quién es capaz de adivinar cuándo y cómo pasará su gigantesco crecimiento? La masa enorme que á la población bonaerense proporcionan todos los años las formidables inmigraciones, primero la italiana, luego la española, después en proporción bastante menor la alemana y la francesa, ¿es posible saber ó calcular si disminuirá ó si irá en aumento? Lo segundo parece lo más probable, y en tal caso el gigante se ensanchará, crecerá, tocará los cielos, como el de la fábula, y sabe Dios si llegará á poner SUB do 3 patazas enormes en ambas orillas del anchuroso Eío de la Plata, y apoyará sus codos en los estribos de los Andes Por ahí se ha esparcido y repetido mucho la idea de que