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P ÍTOLO l OSi II I- Ve, ff m C. v T- cVi: VI A usted á decirme, repitiéadome una vez más la frase deFígaro, que todo el mundo es máscaras? Déjese de filosofías y de sentimentalismos cursis. De sobra sabemos que las caras son caretas y que las caretas suelen resultar caras, de masiado caras á veces. Si me pide consejo para disfrazarse, le diré que se vista de enfermo. No hay mejores recursos para embromar á la gente que los sugeridos por la patología. ¿Por la patología, doctor? -Pues claro, hombre. Con las enfermedades fingidas se ocultan intenciones, se eluden compromisos, se aplaza el cumplimiento de promesas, se ríe uno del mundo entero. ¿De qué sirven capuchones, arlequines, arreos de guerrero, atributos de diablo y demás trajes vistosos usados en las Carnestolendas? De nada; en pasando tres días del año hay que arrinconarlos. En cambio, los que simulan achaques y doleucias, durante el año entero consiguen el propósito de engafiar á sus semejantes. Lanifia caprichosa que quiere hacer en todo cuanto le da la gana, encubre sus voluntariedades con vahídos. Con decir hoy me siento mal, hoy me va á dar eso consigue de sus padres lo que anhela. La pobre está mala; no anda bien la pobre, y los progenitores se desviven por evitar disgustos á la muchacha, que acude á bailes, á teatros, á paseos, á cuan tos sitios le place, siempre usando el talismán de su vahído, que le proporciona todo lo que apetece. De las señoras casadas no hablemos. Generalmente usan los ataques de nervios. Es disfraz el de los ataques que se lleva mucho, pero que no se desgasta. ¿Que el marido niega una petición? ataque. ¿Que el marido se enfada? ataque. ¿Que no se aviene el marido á transigir un pleito conyugal? ataque tremendo, convulsiones, gritos roncos, ojos extraviados y cuanto requiere el argumento de la exaltada nerviosidad. ¿Hay novio en perspectiva y los papas se oponen á las relaciones? Pues en apelando al insomnio y á la inapetencia, el resultado es seguro. ¡Lanifia no duerme, la niña no come! Ella se siente bien por dentro, pero por fuera está angustiosa, y los padres qué han de hacer. Consentir en que el novio entre en la casa para decir ternezas á su adorado tormento. El personaje político que se encuentra en situación grave se pone enfermo para remediarla. ¿Peligro de crisis? un catarro. ¿Debate ruidoso? una jaqueca. ¿Agobio de pretendientes? calentura. D. Zacarías se ha metido en la cama; hay que suspenderlo todo hasta que se restablezca; y D. Zacarías, ea las soledades de su alcoba, saborea con deleite la dulce paz de que disfruta, pensando en que las enfermedades les sientan muy bien á los que están buenos. El estudiante holgazán que en el examen no da pie con bola, acude para salvarse al gran recurso de la patología. Balbucea palabras incoherentes, se pasa las manos por la cara, estremécese; está enfermo. Si el catedrático se conduele de su situación y le aprueba, ¿qué más puede pedir? Si le suspende, dirá en casa que se sintió grave. Los profesores son inconsiderados; ¡leprobar al muchacho porque se indispuso y no pudo contestar! El que no va á la oficina, dice al jefe que tiene catarro; quien no acude á cita importante, que una fiebre no le permitió cumplir su palabra. ¿Se quiere uno quitar de encima á un impertinente? Pues fingiendo un dolor de cabeza muy fuerte, se despide al importuno. Los disfraces patológicos varían poco; el de resfriado es el que más se usa; para los casos importantes hay que apelar al de calentura; los que necesitan ahuyentar á los acreedores recurren á las dolencias contagiosas, que producen maravillosos efectos. Pero lo que está de moda es la locura No hay traje mejor para los que quieren dar bromas pesadas. ¿Que Pérez es un gorrón que se mete en todos los hogares, disfruta y campa sin gastar un céntimo de su bolsillo? jQuiál Pérez está loco ¿Que Sánchez es un sinvergüenza explotador de la sociedad, cuyas conveniencias burla? Ni pensarlo; lo de Sánchez es locura. Locos están el que pide sin derecho, el que goza sin razón, el que allana sin contemplaciones, el que ofende sin motivo. Con el traje de locura dice cuanto le da la gana quien lo lleva, realiza lo que bien le parece quien lo usa. Antes los locos hacían locuras perjudiciales para ellos; los de ahora, los que simulan para su gusto la perturbación de sus cerebros, perjudican á los demás. De modo y manera, querido amigo, que si usted desea divertirse á costa ajena, no se ponga cosas en la cara para ocultársela, ni se cambie de traje. Apele á la patología, gran servidora de cuantos quieren mofarse de los demás. Nada hay tan cómodo ni de eficacia tan efectiva. Por supuesto que si son muchos los que embroman como enfermos estando buenos, no son pocos los que pasan por sanos sin tener salud. Fingen oir los sordos, los cortos de vista presumen de perspicaces, de robustos los débiles, de vigorosos los alicaídos, y hablan de vida los que aletean al borde del sepulcro. Así dijo un médico famoso á un amigo suyo cuando ambos paseaban por Recoletos en una tarde de Carnaval, alegre, bulliciosa, ensordecedora. -Está bien, muy bien- -exclamó el aconsejado dirigiéndose al doctor. -Usted me saca de un compromiso. Yo quiero dar una broma muy fuerte á un sujeto que no me deja á sol ni á sombra, que se mete en mi casa á todas horas; un caballerete pedigüeño, enredador, chismoso, que me amarga la existencia. La verdad, cara á cara no me atrevo á decirle que me aburre, que me molesta, que me estorba. De máscara y á nombre de tercera persona pensaba yo descubrirle mi enojo para apartarle de mi lado, obteniendo así la tranquilidad apetecida. ¿Qué traje elegiré? -Le repito que no se disfrace usted. Kecurra á la patología. -Bueno; pero ¿á qué enfermedad apelo? -Atendiendo á las condiciones de ese señor que le importuna, debe usted apelar al trancazo. J. FRANCOS KODEÍGÜEZ