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lAMEJpK PALETA S ALIÓ de Villamorral con rumbo á la capital Baltasara Lagarejos á gozar de los festejos del alegre Carnaval. Por su deseo profundo de conocer algo el mundo, llegó á esto Madrid sin fondo con su aparejo redondo y con su primo Raimundo. Hay que advertir que en la aldea nadie su trato desea, pues aunque ella no es adusta, tiene una cara que asusta por o horriblemente fea. Se van los dos sin cuidado, no recuerdo si al Retiro ó á Recoletos ó al Prado, y á poco, en el lento giro del público aglomerado, á la moza y al pariente separa violentamente la revuelta muchedumbre por su falta de costumbre de luchar con tanta gente. Y ella sufre cuchufletas y sofocos y rabietas, pues creen cuantos allí están que e uno de esos que van disfrazados de paletas. Hasta una chula extrafina la dice: Adiós, tarambana; te conozco, eres Medina, el tendero de la esquina de la calle de la Aduana. Y entre bromas y empujones, Baltasara dice: Nones. Y atizo si alguien me roza. Y suenan dos bofetones, y un guardia prende á la moza diciéndola: -Se acabó. Se descubre usté la cara ó se la descubro yo. Y airado la mano echó al rostro de Baltasara, quien le dijo: ¡A no tocar! ¿O es que me vais á quitar el pellejo aquí también? lYa me lo quitan, y bien, las gentes de mi higar! Y el guardia la replicó: ¿No es usté máscara? -No. -Pues la nariz y la jeta son tales, que pensé yo que usté llevaba careta. La moza nada responde, pero se escurre y se esconde, y luego, á su pueblo inmundo se va, dejando á Raimundo Dios sabe cómo y en dónde. Esto pasó, y ante tal suceso, di este leal consejo á la Baltasara: Mientras tengas esa cara, quédate en Villamorral. JUAN PÉREZ ZÚÑIGA