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CALENDARIO HISTÓRICO Nrtco Garci T. asso de la e- ía. 6 Febrero 1503. i ha habido exageración al llamarle príncipe ¿le los poetas españoles, por entenderse que este dictado pertenece más bien al divino Fray Luis de León, tampoco puede admitirse la rebaja que de los méritos altísimos de Grarci Lasso de la Vega intentan algunos críticos é historiadores modernos, y en particular el inglés Fitzmaurice Kelly, quien llega á decir que Garci Lasso lo debe todo á la imitación y que es un poeta napolitano. Los críticos, para quienes la literatura lo es todo y la vida nada, olvidan que Garci Lasso de la Vega, nobilísimo toledano, hijo del ilustre diplomático que representó á loa Reyes Católicos en la corte de Alejandro VI, y biznieto (no nieto, como dice F. Kelly) del insigne historiador y poeta Fernán Pérez de Guzmán, no era un poeta ni un escritor de oficio: ante todo Garci Lasso era un caballero, lo que hoy llamaríamos un hombre de sociedad, un capitán ¡lustre, un hombre político, galantuomo y arbitro de las elegancias en la corte del Emperador Carlos V, como Petronio en la de Nerón. Grande amigo y camarada de Juan Boscán de Almogaver, siguió y perfeccionó la empresa magna de éste, es decir, la de naturalizar en España los versos italianos, y más aún que las formas métricas, el espíritu platónico y el sabor de clásica elegancia que dominaba en la poesía toscana. Pero Garci Lasso componía versos por deporte y gusto; era la poesía en él, cual en otros muchos caballeros de entonces, algo así como un blasón más, una prueba más de elegancia y atildamiento; versos los suyos para leídos por aristocráticas damas y por empingorotados sefiorones, no se publicaron hasta diez años después de su muerte, por cuidado de la inteligentísima señora Doña Ana Girón de Rebolledo, casada con Juan Boscán. Esta ilustre dama agregó al tomo de versos de su esposo las obras de Garci Lasso, como tributo á la memoria del malogrado amigo. Es, pues, por lo menos una puerilidad juzgar los versos de Garci Lasso como sojuzgan las obras compuestas para el público y á él dirigidas; pero aun estrechando tanto el criterio, se da el caso de que, con ser tan pocas las obras del ilustre toledano (tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones, treinta y tantos sonetos y algunos villancicos, paráfrasis y versos latinos) las hay entre ellas que han sido y son populares en cuanto puede serlo una obra poética en este país de analfabetos. Nadie que sepa leer en castellano desconoce la égloga primera El dulce lamentar de dos pastores, Salido y juntamente Nemoroso, ni la bellísima canción á la flor de Qnido, paráfrasis de otra de Bernardo Tasso, ya obscurecida por el mérito de su traductor castellano, ni aquel melancólico soneto, modelo de elegancia: ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, dulces y alegres cuando Dios quería! Estos versos los conoce y los ha saboreado todo el mundo. Lo que todo el mundo no piensa es que Garci Lasso murió heroicamente á los treinta y tres años, asaltando á pecho descubierto el fuerte de Muy, entre Draguignan y Fréjus, en Provenza; que, soldado antes que nada, había asistido á las jornadas más gloriosas de su tiempo, cubriéndose de gloria en Viena, en la Goleta, en Túnez, cdonde se mostró buen caballero por su persona, recibiendo una lanzada en la boca y otra en el brazo derecho según los cronistas, y en la memorable jornada de Pavía; que, enamorado siempre, galanteó á cierta dama napolitana, Sirena del mar Tirreno, y por favorecer los amores y la boda de un su sobrino, fué desterrado á la isla de Schut, en el Danubio; y que no dejó de prestar servicios á la patria, á las órdenes de D. Pedro de Toledo, padre del gran Duque de Alba don Fernando. ¿Puede darse una vida más llena de incidentes y variaciones en treinta y tres años? ¿Sería fácil determinar si valía más el poeta ó el patricio? El biógrafo de su grande amigo Lombay (después San Francisco de Borja) dice de Garci- Lasso que cera garboso y cortesano, con no sé qué majestad envuelta en el agrado del rostro, que le hacía dueño de los corazones no más que con saludarlos Y Herrera afirma que en el hábito del cuerpo tuvo justa proporción, porque fué más grande que mediano, respondiendo los lineamentos y compostura á la grandeza muy diestro en la música y en la vihuela y arpa y ejercitadísimo en la disciplina militar