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El decreto del general Weyler me parece admirable. Tiende á crear una casta de mujeres de reglamento, sólo para militares. Será el tipo de mujer aguerrido capaz de colaborar eficazmente con su esposo en la deferísa de lapatria. MANUEL BUENO j ¿Qué opino yo del decreto? Confieso que no lo sé; creo que á los militares ha de parecerles bien; y respecto á los paisanos, I no sé qué han podido hacer para que no les alcance la protección de la ley! KIOAKDO J, OATAKINEÜ Que al prohibir don Valeriano que se casen con la diestra, optarán por la siniestra (refiriéndose á la mano) y que contra tal ukase, debe venir en justicia una bula pontificia para que el cura se case. JOSÉ SANTIAGO No me parece mal el decreto (salvo la investigación) pero creo que mejor sería triplicar la paga á los subalternos. MANUEL RODRÍGUEZ Antes de contestar, pregunto yo también: ¿Los matrimonios prematuros favorecen la moralidad pública y privada? ¿El que tiene el deber de jugarse la vida, no puede tener el derecho de jugarse la felicidad? Desde el punto de vista de las conveniencias de un ejército, el pensamiento capital del decreto me parece excelente. Pero yo querría que me contestaran á la primera pregunta; porque si la contestación fuera negativa, ese decreto debería sustituir á la ley común. o. SOLSONA Es un decreto irritante, puesto que niega al teniente por manera terminante lo que puede á todo instante realizar el asistente. Sencillamente espresada mando la opinión pedida: creo que la gente armada debe casarse en seguida. MIGUEL RAMOS CARRIÓN Mucha gravedad encierra, y hasta parece inhumano que el ministro de la Guerra, ó Weyler (don Valeriano) quiera saber, iracundo, la moral de las futuras I Si desde que el mundo es mundo! andamos en esto á obscuras! TOMAS LUCENO Como el matrimonio encierra un germen de rebelión, creo que tiene razón el ministro de la Guerra cuando se quiere oponer á enlaces descabellados, y que los interesados lo deben de agradecer. FRANCISCO FLORES GAR 6 ÍA En mi larga vida teatral he sido de todo. Por consiguiente, como jefe ó padre de novio, papeles que tantas veces he representado, aplaudo el decreto. Como subalterno ó padre de novia, protesto contra él. Pero yo, que como yo ni soy padre, ni novio, ni militar, me conceptúo fuera del reparto en esta obra y me voy á la sala para oir lo que los otros digan desde la escena. J D O N A T O JIMÉNEZ Propongo una variación: en vez de la información (que más enfada que alegra) debe matarse á la suegra después de la bendición. JUAN PÉREZ ZUNIGA Antójaseme que el decreto sobre casamiento de los militares es el botón de fmuestra de la dictadura. ¿Bastará con el botón? Yo que ni ciño espada ni soy misacantano, me inhibo de opinar sobre el decreto- bula; pero creo que Toledo, Guadalajara, Avila, Segovia las tristes ciudades viejas, van á ser las ciudades de las tristes doncellonas. FRANGISOO ACEBAL Nifia, si eres de las bellas aficionadas á Marte, mucho ojo! antes de casarte tendrás que ¡ver las estrellasl F, NAVARRO LEDESMA Del famo 80 decreto se deduce que, á juicio de su autor, para el matrimonio se necesita dinero, dinero y dinero. Que es precisamente el elemento que el gran Napoleón conceptuaba indispensable para la guerra. Pues entonces, ¿por qué se les impide casarse á los subalternos? ¿no es como prohibirles que salgan á campaña? JÓSE DE ROURE DIBUJOS DE CILLA