Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
0- fr y. Los excéntricos musicales emprenden furiosas tocatas; Aida y La Africana entonan sus romanzas respectivas á voz en grito; el nazareno de la procesión de Semana Santa en Sevilla modula una saeta; las flamencas salen por peteneras ó por sevillanas; la bailarina, vestida de negro, se deshace enflinflanes arrebatadores; las jóvenes modernistas se ejercitan en el bostón y en el ias a quatre; los seises sevillanos danzan el baile litúrgico; los catalanes, la sardana; las salmantinas, la charrada; las zíngaras su rarísimo baile; y en tanto que la gommeuse diseña unos couplets picantes, la odalisca marca la danse du ventre. iKiíTKAS esto ocurre, todos los bebés rosas, blancos y azules se desgafiitan á llorar en sus abrigados moisés; la chica del aro echa á correr á todo escape, y las pasie gas se precipitan en pos de ella. En suma: los muñecos de porcelana hacen lo mismo exactamente que los de carne y hueso; y están en un error nuestras ilustres visitantes que los contemplan amorosamente por las tardes, y que al verles tan callados, tan formalitos, sin moverse de sus puestos, piensan con envidia. en que pueblan nuestro salón cuatrocientos niños bonitos, de color sano y sonrosado. no expuestos á la difteria, ni al sarampión, ni á todos loa males y lacerías que á la humanidad niña acometen y acechan en este cementerio de Madrid. Por nuestra parte, los papas, hermanos, tíos, primos, testamentarios y albaceas de niños que pertenecemos al sexo feo, pensamos con verdadero regocijo, y poniéndosenos unos dientes de este tamaño (señálese aproximadamente un decímetro) en que nuestros niños respectivos, hijitos, sobrinitos, primitos, etc. podían ser tan discretos, tan callados, tan serios como los muñecos y muñe cas de la Exposición: en que, imitando á éstos, no alborotarían jamás, ni nos destrozarían el mobiliario, ni nos aturdirían con el eterno y monótono Mamhrú se fué á la guerra, ni tendrían santo, cumpleaños, salida de dientes, muelas y colmillos, confirmación, primeía comunión, sobresalientes en los exámenes y todas las demás manifestaciones ú ocasiones de la í t onerosidad infantil Mas ¡ay! no es verdad tanta belleza; también los muñecos de porcelana tienen su corazoncito; también ellos, sólo por el hecho de estar revestidos de figura que humana parece y ataviados como loa hombres y las mujeres, aman, odian, se envidian, murmuran unos de otros, piden, gritan y gruñen. Al menos así nos lo ha asegurado el gato, que es persona muy de fiar. FOTOGRAFÍAS ASENJO