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t y de la duquesa de Villahermosa; marquesitas vestidas á la Pompadoiir; merveilleuses del Directorio y maríscalas del primer ItBperio; petimetras de Moratín y majas de D. Eamón de la Cruz. En fin, hay de todas clases, categorías y dignidades sociales de nuestro tiempo: tipos de la ficción dramática y novelesca tan interesantes como La niña boba, de Lope de Vega, y Madame Angot, de Offenbach; la Madame Clirysantlieme de Pierre Loti, y La cigarra de Ortega Manilla; La Tosca y Madame Sans- Qene, de Sardou; La Mascotta de Audran, y la Rosina del Barbero, de Eossini; El monaguillo y la Susana de La verbena de la Paloma, La revoltosa y la ¡Pobre chical, Selika y Aida, La charra y Gretel Jíl gato de la redacción, que es un gran filósofo, aunque nos esté mal el decirlo, nos ha comunicado observaciones importantes acerca de lo que pasa en el salón cuando todos aquellos centenares de criaturas artificiales se quedan solos por la noche. Entonces, los calurosos efluvios de vida que tanta y tan hermosa visitante han dejado en la sala, animan á los muñecos, que durante el día han permanecido, si no precisamente rígidos, como suelen hallarse en el bazar, sí bastante quietecitos para ofrecerse á la admiración de las gentes; porque sabido es que no hay ser más presumido que una muñeca. YÍBAIS entonces- -nos dice el gato- -la chachara y la desconcertada barabúnda que entre todos aquellos individuos de humana apariencia se arma; hay que escucharles las murmuraciones, los comentarios, los discreteos que corren de un extremo á otro de la sala, exactamente lo mismo que en un sarao de veras, entre personas que no tengan la cabeza de porcelana ni los ojos de cristal El novio blanco y rubio, que por el día se ha mostrado tan deferente con la novia negra á quien conduce al altar, una vez -que se ve libre de la vigilancia humana abandona á su atezada consorte y empieza á decir chicoleos á la señorita Modem style. Los chinos, que han visto de lejos á una rusa, se arrojan de cabeza al suelo, horrorizados ante el temor de una matanza como las de Pekín. El alumno de la Academia de Avila, que ya está ardientemente enamorado de una valenciana, maldice de las disposiciones restrictivas y tiránicas del general Weyler. Las chulas de Lavapiés y varias napolitanas y sicilianas se disputan la mano de dos ó tres toreros que andan por allí Aumentan el barullo la descocada pescadera Madame Angot y la no menos procaz maríscala Madame Sane Gene, burlándose, con chanzonetas de todos los gustos y colores, de las tiesas y cuellierguidas damas españolas copiadas de los cuadros de Velázquez; y no es esto lo peor aún. Lo peor sobreviene cuando todos los personajes cantantes y danzantes comienzan á dar rienda suelta á sus aficiones. Con gran escándalo de varias damas remilgadas que van ájnisa ó al concierto, la algarabía se centuplica y crece hasta un extremo irresistible. íSfe