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El paganismo ha muerto; las pompas de jabón, las hermosas pompas de jabón, sueños divinos dé los hombres, se han deshecho en el aire como un haz de perfumes que pasa. ¡Siempre los mismos globos sutiles, hijos de nuestro aliento y engendrados en una gota de agua, que en el espíritu de los hombres representa la idea y en los labios de la mujer el deseo, cruzando rápidos por el espacio que nos rodea, gentiles y luminosos cuando nacen, temblorosos mientras viven, rápidos al deshacerse y vacíos al quebrarsel Y no e n c a r n a n únicamente nuestros snefios ó nuestras glorias: contrahacen también nuestras desdichas y nuestras catástrofes. No les ilumina sólo la luz de la poesía: á veces se mezcla también la sangre al líquido que les ha de crear en virtud de un soplo humano. Pompas de jabón eran las ideas que o r i g i n a r o n la Revolución Francesa; pompas de jabón muy diestramente esparcidas por ei aliento de los pensadores y la generosa emulación de las mujeres. De la sonrisa irónica de Voltaire nacieron muchas; del soplo violento de Rousseau se formaron las más, y aquellas mismas infelices que habían de subir con trémulo paso las escaleras de la guillotina para entregar sus lindas cabezas al verdugo, complacíanse en repetir las ironías del uno y l a s magias grandilocuentes del otro, lanzando á los cuatro vientos las pompas de jabón que antes de romperse en el espacio se tefiirían con el rojo reflejo de la sangre. Pero ¡bah! ¡qué importa! uno de nuestros grandes poetas, el que más honda huella ha dejado en la literatura española contemporánea, preguntaba á raíz de un terrible desastre geológico si en la Naturaleza no será el orden desarreglar las cosas. La misma pregunta puede formularse respecto á las grandes conmociones sociales, y es muy posible que las pompas de jabón lanzadas al espacio por las convencidas de Rousseau antes de entregar sus cabezas ¡pompas de jabón también! al verdugo, desarreglándolo todo, lo arreglaran todo imponiendo el orden á fuerza de ayudar al caos. Yo sólo sé que en algunas hermosas noches vemos rápidamente cruzar por el espacio estrellas que de pronto se quiebran para nuestros ojos, dejando como leve huella un sutil polvillo de luz, ¡pompas de jabón celestes! insufladas por el aliento de Dios. Cuando las vemos desaparecer tras rápida carrera como un cohete que se extinguiera sin detonar, juzgamos que han muerto. ¡Torpeza de nuestros sentidos! Aquellas luminosas pompas de jabón, tan efímeras á nuestros ojos, son mundos que continúan trazando su camino por los senos profundos de la eternidad. ¿Y quién sabe si las verdaderas pompas de jabón, las que creó con su primer deseo el virginal hálito de la madre Eva, las que han lanzado después formándolas con su aliento tantos pensadores y tantas mujeres hermosas, no vivirán eternamente, aunque se hayan quebrado ante nuestros ojos sin dejar en el aire señal perceptible de su paso? ¿Habrá algún espíritu capaz de aquilatar la importancia que para el conjunto de la creación tienen todas aquellas cosas que nosotros juzgamos sin valor ninguno? En los misterios de la eternidad, esas pompas de j abón que viven temblando un solo instante, ¿no representarán tanta vida como la de aquellos imperios que fatigan las páginas de la historia y la de aquellos grandes hombres que fundaron esos imperios poderosos? No lo sé; de todas suertes, el efímero vuelo de las pompas de jabón y la rápida carrera de las estrellas fugaces, son dos hermosos espectáculos. PABLO DK E L O A N O OIBDIOS D I Y DB MIDINA VERA