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de huir de sus reinos con m á s priesa que equipaje y m á s miedo q u e comitiva p a r a quitárselo. E l pueblo desbordado, que, como los ríos, toma en u n a hora venganza de los diques y p r e s a s que lo oprimieron d u r a n t e muchos afios, se desquitó de las tiranías p a s a d a s incendiando los palacios y castillos de s u s r e y e s Y no se libró de la ruina general el p o b r e Sergio, p o r q u e en tales des quites suelen las familias padecer las culpas de las p e r s o n a s Los t r e s h e r m a n o s pudieron, con g r a n d e s fatigas, refugiarse en u n a n a v e extranjera que los dejó en isla remota, h a b i t a d a por pocas gentes y gobernada al uso patriarcal. IJirico desembarcó antes que los otros, con p a s o firme y cabeza erguida, como quien e s t á acost u m b r a d o á ser el primero en todo. Siguióle Wladimiro, p i s a n d o con cautela para n o poner el pie en el lodo y suciedad del camino y mirando con asco las toscas viviendas del país, como q u i e n n o sabe vivir sino en medio de sederías, t a p i c e s y regalo. I b a d e t r á s Sergio con cara de gozo y m i r a d a d e curiosidad satisfecha, como quien se recrea en conocer cosas y costumbres nuevas. Sa a m o r al estudio l e d a b a allí la felicidad que faltaba á sus hermanos. E r r a r o n d u r a n t e algunas horas por la población solos y tristes, sin m á s abrigo que la ropa p u e s t a y t- iii i- i ñero p a r a albergarse, p o r q u e los criu li revolucionarios les despojaron de to i ¡que t e n í a valor. Ú n i c a m e n t e se habüi -alvado u n a cosa: u n libro que Sergio se ÜI MJ consigo, y eso p o r q u e en el país era vln despreciado q u e n a d i e quería. Cogióles la n o c h e y d u r m i e r o n en ii.ii ad de i calle. Y d u r m i e r o n mal y poco, porque no tardu i- u di -Jiicrt. ir. f- u n guardia de la policía advirtiénd i- i que vn ¡nnici pueblo no se consentía la vagancia ni l: Mwmhi- ul. u Al verse t r a t a d o s de tal m a n e r a los nrmil. o iw i. f, naroas se d e s m a n d a r o n contra el guünli. i llevó presos a n t e el jefe de la isla. ¿Por qué dormíais en la calle? -le- iircL niu- -Porque no tenemos n a d a -Pues h a y que ganarlo con el tra n- ji) S ¿qué sabes hacer? -Yo, mandar, -dijo Ulrico. -Buen oficio mientras h a y a quien OÍ. M; IV. I H. -Yo, gastar, -respondió W l a d i m i r -Buen oficio m i e n t r a s h a y a dinero. -Hemos perdido reinos y riquezas, tiwln, ti. d... -Vosotros h a b r é i s perdido todo, yo lu, l ¡ji) f, ri, -jPues si ni tú ni nosotros tenemoi- iiá -IJÜI- i i ui UMCÍIMI- cni i- -Por eso n o h e perdido n a d a H. -iiKa. ii) l.i mi i- iuií. r puesto: en el cerebro. ¿Y t u biblioteca? -También la traigo: en la memoria. -Pues t ú serás el único que vivas a i Y los dos soberbios príncipes que. larnn injinií. i li. ríe a in t a n t o despreciaban, a p r e n d i e n d o tardwincnto í v un i nl (1 é i nperecedero: el del entendimiento. 1 I Ü S l l DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA -KI I I