Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A LA BÜElNA DE DIOS ilLLO EN VARIOS DIÁl. OCÍOS Y II X M O X ó LOGO) I ABLOTA (vistosamente ataviada y- -como el vulgo suele decir en su tosco, pero expresivo lenguaje- -hecha una tentación ó un brozo de mar, se dispone á salir de casa, y dirigiéndose con aires de superioridad infinita, mientras ahueca la alda y da los últimos toques al peinado, á su hermana Petra, que la contempla como embobada, le dice) -Ya lo sabes, cuando venga Antonio, que ya no tardará, entérale de que estoy con tía Lola en el Buen Suceso; si quiere esperarme aquí, haz lo posible para no aburrirlo; no seas pavisosa; procura que se entretenga para que no se le haga largo el tierapo; aunque era lo mejor que vaya á encontrarnos á la salida de misa. ¿Entiendes? -Sí, entiendo, replica humildemente Petra; sí; aunque entiendo también que lo mejor sería que tú lo nguardases. Si estás segura de que no puede tardar mucho, ¿por qué no lo esperas? Esto le gustaría más Hue encontrarse solo conmigo; y yo, ¡pobre de mi! ¿qué puedo hacer para distraerlo? Lo más probable lis que él se enoje. ¡Bah! no se te ocurren sino majaderías. Antonio, el pobre Antonio, no se enoja conmigo por mal que yo lo trate. Y sise enojara, poco había de costarme desenojarlo. Ya sabes que hago de él cuanto quiero. Ea, adiós. No pases cuidados por lo que no te importa, y haz lo que te encargan ain discutirlo, pues cuando yo lo dispongo sé lo que me hago. No des consejos que nadie te pide y que no necesito. -Ya estoy en ello; haré lo que mandes, Carlota, y procuraré complacerte y que Antonio no se disguste; pero tengo miedo de cometer alguna torpeza. Porque, ya lo sabes, soy así; á la buena de Dios; hago las cosas sin malicia, y resulta después qne he metido la pata. -Eso es cuenta tuya. Nada tengo que ver en eso; tú dices lo que te he mandado, sin meterte en dibujos, y que Antonio haga lo que quiera. Adiós. -Hasta luego. U Antonio endereza sus pasos hacia el domicilio de Carlota, de quien está, en efecto, locamente enamorado. Por el camino, el joven, que acaba de obtener, por oposición, un destino de 4.000 pesetas, va pensando en voz alta, y se dice á sí mismo: iDe hoy ya no pasa; hay que normalizar de una vez para siempre nuestra situación. Cuatro mil pesetas no dan para mucho; pero llevando vida modesta y arregladita, malo será que no podamos salir adelante. Carlota es hermosísima ¡y lo sabel que es lo peor; pero es buena muchacha, no demasiado coqueta, y será de seguro mujer honrada. Cierto qué podrán venir, ¡vaya si vendrán! hijos que aumenten los gastos, pero yo he de obtener ascensos én mi carrera. Nada, nada; hoy mismo se lo propongo, y dentro de un par de meses, nos casamos. III- -Hola, hermosa Petrita; ¿ha salido Carlota? -Sí, Antonio; salió hace cosa de diez minutos. -Y ¿no sabes á dónde ha ido? ¿Yo? No por cierto (sonriéndose) Carlota nunca me dice á dónde va, ni de dónde viene. ¿A santo de qué? Si fuese al contrario, se comprende. Carlota, mi queridísima y buena Carlota, más que una hermana es para mí una madre. Tiene diea años más que yo. Soy una chicuela. -Pero ¿no ha dejado nada dicho por si yo venía? Absolutamente nada nada que yo recuerde. -Es muy extrafio, porque ella sabía que vendría yo á esta hora. -Lo habrá olvidado. ¿Cómo? ¡Es tan aturdida la pobre! Carlota es buena, buenísima; más buena que el pan; pero tiene muy mala memoria. También puede ser que pensara volver pronto. -Sí; -eso me parece lo más probable. Pues esperaré aquí un rato. Digo, si no te molesto.