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LOGGIA. D O B C A G N A LAS GRANDES CIUDADES I ONTBNTÓLB Florencia en extremo, así por su agradable asiento como por su limpieza, suntuosos edificios, fresco río y apacibles calles. Esto que, según Cervantes, le pareció al licenciado Vidriera, ó sea al más discreto loco de cuantos han paseado por el mundo sus andanzas y melancolías, les parece también y les parecerá á cuantos cuerdos y avisados viajeros paren algunos días en la ciudad de las flores, perla de la Toscana y gloria de Italia. Búsquense las grandezas del Imporio y del Pontifieado en la Ciudad Eterna; la alegría y sensualidad de la vida meridional, en la escandalosa 2 íápoles; la comercial a, ctividad, en la productora Genova; el arranque político y patriótlct) en la modernizada Milán; la melancolía ensoñadora y la dulzura del ambiente, en la poética Venecia. paro quien quiera formarse una idea y adquirir una impresión de lo que fué la copiosa y desbordante vida de Italia en el siglo XIV, en el XV y en parte del XVI, quien aspire á conocer el alma italiana, bra vía y alt 8 í eífl, no t a de hacer sino colocarse en la altura de San Miniáto y ver á sus pies en plena cuenca del Amo igae por eatrs scs paredes se desliza, protegida por el poderoso esqueleto del Apenino, la gran Florencia, l ciádad d los Médicis, emlpdrio de las artes, asilo de la elegancia clásica, luminar del Renacimiento. Úa gran escritor r crítico de arte define con absoluta exactitud lo que Florencia és y representa, diciendo que en Fióreucia, n lugar de preceder, el Arte á la Naturaleza, más, bien parece que la Naturaleza se haya iaspirado en el Arte. Es como si el paisaje, los edificios, el cielo y el ambiente y las personas y las costumbres los hubiera pensado el poeta Dante Alighieri, los hubiera organizado el secretario Nicolás Maquiavelo, los hu-