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Artemio. übahln. Artemio. übaldo. Artemio. übaldo. Artemio. Vbahlo. Saa ascuas de amor. Uioes bien; por eso temo que tú no aciertes á darles melodía amorosa, alma, fuego sagrado. (Con abatimiento. ¿Dadas de mi arte? J a m á s dudaré yo, Artemio, amigo mío. ¿Podrías dudar? P o r t u a r t e dejo mi patria, hoy en guerra con la tuya; por mjestio arle vivo aquí, entre los enemigos de mi Kluria. Y yo por n u e s t r o arte me atrevo á defen derte a r r o s t r a n d o las iras de mis co. nciuda danos. Si llegasen h a s t a aquí, verás como tiin d e s e n v a i n a r la e s p a d a los aplaco, ios ahuyento. Kres un artista, übaldo; déjame e s t r e c h a r tu mano. Vengan los patriotas, verán como nos une el sentimiento del a r t e superior á la patria. ¡Bravo! Así pienso yo; n u e s t r a amistad no se q u e b r a n t a p o r q u e la azote el odio de los h o m b r e s es roble secular que se n u t r e del amor de los amores, del amor al a r t e Artemio. Ubaldol Tibaldo. ¡Artemio! Artemio. ¡Viva Gutlandia! Tibaldo. Viva E t u r i a! (Se oye un tumulto creciente, gritería amenazadora. Tibaldo se asoma al ventanal. Tibaldo. Ellos son. ¿Oyes? Piden tu cabeza. Ya fuerzan el portón. Bien, eso quiero, que suban ¡Subid, gubia, villanos! En la puerta del fondo aparece un tropel de gente armada. La turba. ¡Muera el eturio! Tibaldo. (Con los brazos cruzados sobre el pecho, se adelanta. Aquí e s t á el etuiio; podéis arrancarle el corazón, pero con el suyo desaar r á i s el mío. (La turba retrocede aterrada. Antes de m a t a r á Artemio tendréis que m a t a r á Tibaldo. ¡Elegió! (übaldo y Artemio se estrechan la mano. La turba desaparece silenciosam, ente. CUADRO SEGUNDO (Calle angosta, retorcida, con muchos recodos y recovecos. Es de noche. La luna alumbra á intervalos en el cielo anubarrado. übaldo. Artemio. (Aparece por un extremo de la calle, tapan dose el rostro con el embozo) Es i a hora, Alicia no debe t a r d a r en a b r i r su v e n t a n a (Aparece por el extremo opuesto de la calle, recatando también el rostro. E s la hora. Alicia no debe t a r d a r en abrir su ventana. mwr í S (El reloj de la catedral da doce campanadas lentas, huecas y sonoras. La luna se oculta entre las nubes. Se abre una ventana baja, y en el recuadro luminoso se proyecta, tras la reja, la silueta gentil de una mujer. übaldo. E s Alicia. Artemio. Alicia es. (Ambos se acercan á la reja sin desembozarse. übaldo. ¿Quién va? Artemio. ¡Atrás quien sea! (Tras la reja se oye un grito de pavor y ciérrase la ventana con estrépito. La luna vuelve á iluminar la calle. Los rondadores se desembozan. übaldo. Artemio! Artemio. ¡Ubaldol 4 (Se oye el chirrido de dos espadas que salen de sus vainas) übaldo. ¡Te odio! Aríemio. ¡Te aborrézc (Los aceros chocan con violencia) übaldo. ¡Ahí (Cayendo. ¡Patria, arte! (Un tropel de gente en armas invade la calle; la luna reluce esplendorosa. La turba. ¡Aquí, aquí! Es el eturio, que mató á ü b a l do. ¡Muera, muera! (Artemio se defiende, pero le acosan, y una espada le traspasa el pecho. Artemio. (Cayendo. ¡Arte, patria! übaldo. (Expirando. ¡Muera Eturia! Artemio. (Expirando. ¡Muera Gutlandia! FKANCISCO DIBUJOS DB MÉNDEZ BRINGA ACEBAL