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0. VÍA- f r T i. 1 -xí 1 ¿La luna no es una eatreya, tii -No; la luna es la luna. -Y las estreyas, ¿dónde están MUJCIUS- -En el aire; miá éste. ¿Y no se puen cae? -No tengas cuidao. Ochenta años tengo yo y no he visto caerse ninguna. -Y el sol, ¿dónde está? El Sr. Cristóbal, temeroso de meterse en un callejón sin salida, dio un silbido por respuesta. ¿No lo sabes? No lo había e sabél (Claro está que no lo sabía. -Oye, Oristóba- -interrumpió la niña, á quien pre ocupaban en extremo las cosas santas: ¿quién es más, ¿el papa ó el rey? ¿Qué? -Que quién es más, ¿el papa ó el rey? -Er papa. -Pos Perico dise que el rey. -lY es más el reyl- -saltaba Perico con aplomo que hacía dudar al oráculo. -iSí, porque tú quieras! -replicaba éste como esquivando entrar en discusiones. -Oye, Oristóba, ¿y los curas, qué son? -Curas. -Oye, Oristóba, el tren ¿cómo anda? ¿Er tren? ¿Tú no has visto er carbón que veva dentro? -Sí. ¿Y ar maquinista? -También. Pos ahí lo tienes! No hay más que fijarse en las cosas. -Oye, Oristóba, ¿los fósforos son veneno? -Oye, Oristóba, ¿los moros son malos? -Oye, Oristóba, ¿qué es más grande, Seviya ó España? -Oye, Oristóba, ¿por qué yueve? -Oye, Oristóba, ¿quién ha sembrao los árboles? -Oye, Oristóba, ¿quién puede más, uu toro ó un cabayo? -Oye, Oristóba DIBUJOS DE HUERTAS -Oye, Oristóba Cristóbal tuvo que acabar por taparse los oídos. Cuando era más vivo el tiroteo acertó á pasar por allí la señora de la casa (á quien, dicho sea entre paréntesis, se podía mirar) y sorprendió el gracioso dialogo. ¿Son malos, Cristóbal? -preguntó acariciando á sus hijos. -Porque si son malos, desde mañana van á la escuela. No hay vacaciones! Y el señor Cristóbal, suspirando y riendo á la vez, se atrevió á contestar: -Señorita Carmen, er que va á la escuela desde mañana, soy yo. IV Varios meses después, al volver una mañana del colegio los niños de la mano del buen Cristóbal, le dijo Perico á su madre con la entereza de quien está resuelto en su propósito: -Mamá, yo no vuelvo á la escuela. ¿Que no vuelves á la escuela? ¿Por qué? -preguntó la madre sorprendida. -Porque el maestro no explica las cosas tan bien como éste. Este era Cristóbal. La señora soltó la risa y felicitó al viejo mentor, que lloraba de orgullo. ¡Aquel triunfo sobre D. Matías era para envanecer al hombre más modesto! Por la tarde no fueron los niños á la escuela, y el viejo se los llevó de la mano al campo, á tomar el sol... El día era hermoso; la primavera daba una voz diciendo: jAllá voy! Las mariposas alegraban el aire El señor Cristóbal saboreó su triunfo, y algo más seguro ya de su sabiduría, y coa cierta vanidad disculpable, les habló á los niños de todo cuanto había en la tierra fecunda que iban pisando, y en el cielo alegre y limpio que brillaba sobre sus cabezas S. T J. ÁLVAEEZ QUINTERO