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Trinidad. -Mirad, ya estamos colocadas en nuestras casas; ¿y ahora qué hacemos? Femando. -ISTosotros nos vamos á la habitación de al lado para vestirnos de Reyes Magos, y volvemos en seguida. Nini. ¿Pero os lleváis la caja de pastillas? Enrique. ¡Naturalmente! ¿no ves que somos los Eeyet- Trinidad. -Bueno, idos; pero no os comáis ninguna. Fernando. -Anda, Pelón, que te vamos á pintar de negro. Las niñas. ¡Volved pronto! (Salen Fernando, Enrique y Pelón. Pausa larga. Nini. ¡Pero cuánto tardan! Paquita. ¿Queréis que me acerque de puntillas y mire por la cerradura qué es lo que están haciendo? Trinidad y Nini. -Sí, vete. Lola. -Yo no quiero ser la última porque me van á dejar sin nada. Paquita (volviendo soEocadíaima) ¡Le han pintado de negro á Pelón, se han puesto unos tapetes como si fueran capas y me parece que se están comiendo las pastillas de chocolate! (Las niñas abandonan sus respectivas casas en actitud tumultuaria; pero antes de que estalle su indignación, grita Fernando: ¡Ahora vamos! y vuelven á colocarse cada cual al lado de su silla. Salen Fernando, Enrique y Pelón convertidos en Beyes Magos; el último con toda la cara llena de chafarrinones. Femando (Gaspar) (á Trinidad) -Muy buenos días, señora Trinidad. ¿Os las habéis comido? Fernando (Gaspar) -Déjame hablar, que ahora soy el Rey Mago. Ya sé que tiene usted muchos hijos y muy revoltosos. Ponga usted asila mano. Ahí tiene usted para callarles cuando lloren. (Abre la caja y deja en mano de Trinidad tres pastillas de chocolate. (encantada) -Lo mismo que mi sueño. ¡Pelón está exactamente como el negro que yo vi! Fernando. -Ahora á Paquita (avanzan los Bsyéa hacia la casa de ésta. Habla tú, Enrique. Enrique (Melchor) -Muy buenos días, señora. ¿Y DIBUJOS DB ALBERTI los chiquitines? Nosotros somos los Reyes Magos y le traemos á usted este regalito. Ponga usted la mano. (Abre la caja que le da Fernando y deja en poder de Paquita dos pastillas de chocolate. Nini (cada vez más encantada) ¡Lo mismo, lo mismo que mi sueño! ¡Ahora á mí, ahora á mi! (Avanzan los Reyes hasta su silla. Fernando. -Pelón, á ti te toca hablar. Nini (gozosísima) ¡Qué risa! Pelón. ¡líny buenos días, señora... ¿Y los arrapiezos? Nini (riéndose) ¡Si es lo mismo que yo soñé! Pelón (abriendo la caja de pastillas que le entrega Enrique) -Ponga usted la mano (volcando la caja boca abajo y con ojos espaatados) ¡No hay ninguna! Nini (aterrada primero y luego furiosa) ¡Oochinos, cochinos! ¿Os las habéis comido? (Rompiendo á llorar desconsolada. ¡Itlamá, mamá, se han comido mi sueño! (Llora estrepitosamente. El apuntador (saliendo de debajo de la mesa) -Cálmate, Nini, no llores de ese modo. Ha sucedido lo que tenía que suceder. Era preciso que los Santos Reyes Magos reuniesen esas tres excelsas cualidades de Santos, Reyes y Magos, para que llegasen al humilde pesebre de Belén el oro, el incienso y la mirra (el oro sobre todo) que llevaban al Salvador del mundo. ¡Desde aquella fecha no se ha repetido el milagro! Todos los que después han prometido obsequios ó mercedes á los desheredados y á los humildes se los han ido comiendo por el camino. Ta sueño, amiga Nini, es el sueño de todos los que esperan; la realidad, la realidad terrible consiste en que á la primera jornada de los supuestos Beyes Mayos desaparecen las pastillas de chocolate. No llores, Nini; esos niños compañeros tuyos merecen toda mi estimación; se han portado como unos hombres, y como unos hombres extraordinariamente caritativos! Fernando. -Oalla, Nini, ó te pego. ¡Mira, que mamá tiene jaqueca! Pelón (sacando del bolsillo del pantalón una pasti lia de chocolate y llevándosela disimuladamente á la boca) ¡Qué bien nos ha salido esta comedia! ¡Es la que más me ha gustado! JOSÉ DB E O U R E f 4 -im