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SI (5 XJIE: RA UET CEIÍO IIVIIXOI en harapos A REEBrjADA menguado abrigo, que la dan dormita á ratos la vieja acurrucada en el quicio, y á ratos con amenazas anima y azuza al nifío, que trota casi desnudo temblando de hambre y de frío calle arriba y calle abajo repitiendo su estribillo: Un centimito siquieral caballero, nn centimito! Brilla en el suelo la escarcha como el acero bruñido, y huyendo del viento norte, que corta como un cuchillo, los escasos transeúntes marchan de prisa, ateridos, escuchando indiferentes la cantinela del chico. No tiene padres. La vieja le recogió en un asilo, y á fuerza de pufíetazos le fué enseñando el oficio. Cuanto más enclenque sea y más lacio y más raquítico, más ablandará los pocos corazones compasivos, y será, por consiguiente, mayor la ración de vino, y hallará la bruja nuevas satisfacciones al vicio. Cuando la muerte le salve del espantoso martirio, y el tallo endeble se tronche, y se rompa el frágil vidrio, pronto su puesto en la acera saldrá á ocupar otro niño, que trotará hacia el sepulcro sin amparo y sin auxilio en esas noches terribles repitiendo su estribillo: 2 ¡Un centimito siquiera! caballero, ¡un centimito! En tanto, á esas horas velan trabajando los ministros, que revuelven y barajan las columnas de guarismos, para repartir impuestos, para, atender los servicios, para que adquiera la patria vigor, energía y bríos. Y como siempre resulta indispensable y preciso comprar fusiles y barcos y hacer puentes y caminos, para los hijos de nadie, que debieran ser los hijos de todos, para los pobres parias de un mundo podrido que á centenares de miles se va tragando el abismo, para esos niños) no queda ni siquiera un centimito! SiNESio DELGADO DIBUJO DE HUERTAS