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A s de una vez habrá oído el lector frases parecidas á las siguientes: Bl primero de nuestros generales. El primero de nuestros diplomáticos. El primero de nuestros literatos. Bl primero de nuestros críticos. Y hasta en una comedia de un aplaudidísimo autor se hizo entre las carcajadas del público esta presentación: Tengo el honor de presentar á usted á uno de nuestros primeros subtenientes. T Pues bien; hoy vamos á pagar tributo alprimero de nuestros niños. El primero de nuestros niños es sin duda alguna el siglo xx. Más nifio no puede ser: sólo tiene algunos meses. Y sin embargo, se sabe á punto fijo que ha de llegar á los cien años. Ni tablas de mortalidad, ni pestes, ni epidemias, ni guerras, ni revoluciones, ni desórdenes de la juventud, ni la mala higiene, ni las pasiones desbordadas, ni el anarquista con sus bombas, ni naufragios, ni descarrilamientos, podrán con é! El siglo será centenario. A los cien años completos llegará, y cuando cumpla los cien años, se acabó el siglo. Hoy, sin embargo, es muy nifio: ha cumplido un año; debe de estar todavía en brazos de la nodriza. Y enigmático se presenta desde el principio: no podemos decir desde sus más tiernos años; pero sí podemos decir desde sus más tiernos meses. Tan enigmático, que no se sabe quién ha sido su padre. ¿Ha sido su padre el viejo Saturno? Es dudoso: hace mucho tiempo que está jubilado. ¿Lo ha sido el siglo precedente? ¿Es acaso el siglo XX hijo del siglo xix? Tampoco se sabe de ciencia cierta. Pero lo que sí se sabe es que, en uno ó en otro caso, este niño es hijo de viejo. Porque si es hijo de Saturno, más viejo no puede ser el padre; y si lo fué del siglo anterior, éste lo engendró en sus postrimerías, y tanto es así, que nació el siglo x x en el instante preciso en que expiraba el siglo xix. Como hijo de viejo, es posible que sea enclenque, que goce de mala salud, que sea un verdadero degenerado, de lo cual ya empieza á dar señales, según afirman los pesimistas, aunque yo no lo creo: son cosas de niño. Más todavía; el instante de su nacimiento ha sido dudoso, porque hubo quien afirmó que vino al mundo el primer día del año 1900, al paso que otros sostuvieron que nació en 1. de Enero de 1901. En el primer caso, tiene ya dos años, y hay que ir pensando en destetarle; en el segundo supuesto, no tiene laás que doce meses, y tendrá que seguir mamando algunos meses más: Este será un problema muy grave cuando haya que fijar el año de la mayor edad; pero no debe preocuparnos por ahora, porque de todas maneras hoy es un niño. Lo enigmático de su carácter y de su porvenir lo lleva escrito en su propio nombre, puesto que se llama el Siglo XX; es decir, que se compone de dos X, ó sea de dos incógnitas formidables. iQué va á ser este nifio cuando llegue á ser mayorcito! ¡qué historia dejará cuando llegue á viejo! ¡qué herencia al siglo sxi! Él es precoz; eso sí, muy precoz; aún no ha bajado de los brazos de su nodriza, todavía no ha empezado á andar, ni siquiera con andadores, y ya quiere volar, y aun ha volado durante media hora, con el globo de Santos- Dumont. Pero si por este concepto parece que ha de ser laborioso, activo y emprendedor, hay señales tristísimas de que sea revoltoso; tanto es así, que ya nos amenaza con huelgas universales é indefinidas. Bueno es descansar de cuando en cuando, pero no por sistema. El descanso justificado da fuerzas; el descanso caprichoso es compañero del hambre. Su padre ó su hermano, ó lo que el siglo xix fuera, sufrió mucho, trabajó mucho, inventó y conquistó, y ha dejado en la Historia un nombre gloriosísimo. Verdad es, que cuando pequeñuelo, aquel siglo jugó mucho á los soldados, y amó! a gloria de los campos de batalla, y puede decirse que se amamantó con sangre; pero apenas llegó á la mayor edad empezó á realizar prodigios: inventó la locomotora y el telégrafo, y sus últimos años han sido años de asombrosas creaciones. Ha creado la dinamo, invención que no tiene rival en el mundo ni la tuvo jamás; y ya con un pie en la tumba y encorvado y tembloroso, ha descubierto los rayos X y el telégrafo sin hilos. Esto hizo el siglo xix; á ver qué hace, cuando llegue á hombre, el primero de nuestros niños, como hemos llamado al siglo xx. El siglo XIX amó con amor ferviente dos cosas: la Ciencia y la Libertad; á saber cuáles serán los amores del siglo xx, no se nos descuelgue con algún desatino. Todavía es muy nifio; no le pidamos lo imposible; dejémosle jugar y desarrollarse. Famosa colección de juguetes le ha dejado su predecesor. A los soldados empezó jugando, como antes decíamos, el siglo xix; pero nunca tuvo tantos en su infancia, como en sus primeros meses de existencia tiene el siglo de las dos X,