Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
CentenareH de miles de soldados, y en disposición de ponerse en juego muchos millones. No condenaremos en absoluto estos, juegos guerreros, pues la herencia á veces, la fatalidad otras, y hasta la higiene física, los recomiendan con cierto pulso y medida; pero bien hará nuestro niño en no distraerse del estudio y del trabajo por entregarse á juegos tales, que aparte de que son peligrosos, del trabajo y del estudio pudieran distraerle, y esto es lo principal. A los barcos juegan los niños, echando barquitos en los estanques; pero la niñez de todo un siglo se mide en otra escala, y el siglo que empieza tiene para estos juegos soberbios trasatlánticos, marinas mercantes inmensas y centenares y aun miles de acorazados. Bueno será que cuide de los primeros, y sobre todo que no prenda fuego á los cañones de los segundos; porque las armas de fuego, que son peligrosas aun manejadas por personas mayores, son peligrosísimas manejadas por los niños, y de cañones manejados por criaturas de doce meses resultarían horrores y catástrofes. Preferible sería que se dedicase á otros juegos, que juguetes no habían de faltarle. Así como los niños vulgares juegan de balcón á balcón con teléfonos primitivos de tamborcitos y bramantes, el siglo niño puede jugar de continente á continente, de un mundo á otro mundo, de una á otra capital, con telégrafos y teléfonos; y éstos sí que son juguetes maravillosos, con tal que por los hilos y por los cables corran pensamientos de armonía y de amor universal, y no bestiales declaraciones de guerra. Cuando el niño quiera salir á paseo, podrá pasear en locomotora, y en locomotora podrá ir, pongo por caso, de Madrid á París, y de París á Moscou; y de Moscou, por la red rusa, al Báltico; y del Báltico, por el ferrocarril transiberiano, á Puerto Arturo y al Pacífico; y luego, por la gran línea do los dos mares, podrá atravesar toda la América; y saliendo al Océano, cualquier trasatlántico le traerá á Cádiz, y el ferrocarril, de Cádiz á Madrid, que sería un paseo digno de tal niño, porque habría sido dar la vuelta al elipsoide. ¿No juegan los niños al corro? ¡Pues qué más corro que la redondez de todo un mundo! Quizá ahora no le gusten paseos tan largos, porque no tiene más que algunos meses, y más le agrade que tales caminatas aplicar los carnosos labios al azulado pezón del espacio, para irse tragando la vía láctea, que, á pesar de haber lactado y alimentado á tantos siglos, aún traza en el espacio blanquecino y jugoso surtidor. Y hemos procurado hablar al primero de nuestros niños en estilo modernista, que no sabemos si habrá sido quitarle el gusto, desde luego, de extravagancias con pujos poéticos, ó si será viciar su buen gusto desde el principio. Allá él, cuando sea mayorcito, decidirá lo que ha de ser él modernismo en la Literatura, en el Arte y aun en la Ciencia. El siglo que murió hace doce meses le dejó esta herencia, no sabemos si como aurora de nueva juventud ó extravagancias de viejo que chochea. Por ahora, creemos que el nuevo siglo no piensa en estas cosas. Nació en el rigor del invierno, el 1.0 de Enero; blancos pañales de nieve le envolvieron; y llegó la primavera, y llegó el verano, y el niño secular (y continiia el modernismo) sólo habrá pensado en asomar sus mejillas rosadas por Oriente en extender al sol sus miembros de chiquillo mamón para recoger efluvios de vida. Bien está por ahora; pero cuando sea mayorcito, debe pensar que todo un siglo x x no puede contentarse con tomar el sol como cualquier andaluz ó cualquier napolitano. El sol hay que tomarlo, pero de otro modo, couvirtióudolo en fuerza para el trabajo, y éste es uno de los problemas que le toca resolver á este siglo de los grandes problemas. Hermoso y tentador es el de los globos, y como los niños en el Prado echan sus globitos al espacio, ya el siglo xx, con no ser todavía más que un mamón, aunque mamón colosal, echó su globo en París, y le hizo dar la vuelta á la torre Eiffel. ¡Hermoso problema! pero con toda su hermosura y gallardía, no más útil que el de la fuerza solar, porque este problema de la fuerza solar, si se resolviese, ayudaría á resolver otros problemas pavorosos y uno que los abarca á todos: el problema del hambre y de la miseria. Hacer trabajar al sol por nosotros y para nosotros, emancipar en gran parte al obrero, permitir que eleve su estatura de hombre, que dirija su mirada á lo alto, y que en su frente, en vez de brillar gotas de sudor que el trabajo material exprime, brillen los relámpagos divinos del pensamiento, ¡éste sí que es problema! Pues todo esto es el problema solar. Sus juguetes ya hemos dicho cuáles son; los trabajos á que cuando sea mayor ha de dedicarse, también los hemos indicado. Pero una de las cosas de que más han de cuidar los educadores de este niño, es de las compañías que tenga, porque quizá de estas compañías dependa su porvenir. Siglos que cuaado niños tuvieron por compañeros otros niños que habían de llamarse