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DOS INVENTOS PRODIGIOSOS W fA prensa diaria no ha dado cuenta aún de dos maravillosos inventos llamados á renovar las condi- S l A prensa aiaria no TTinrlnma cueui. auu uc uv IU. Í. Í ÍÍ. IV, O X de información extranjera, po, v, o A lo- ÍHÍ. na uauo v He los cuales, aracias á nuestro servicio ciones de la vida moderna, y de los cuales, gracias á nuestro servicio de información extranjera, podemos anticipar á nuestros lectores algunas noticias, seguros de la expectación inmensa que en todo el mundo han de causar. LA. NAVEGACIÓN AÉREA ES UN HECHO Esta vez ya no se trata de una audaz tentativa coronada por un éxito mediocre ó poco brillante; no estamos va en los tiempos en que el tripulante de un globo caminaba á la ventura, ó se contentaba, como ha hecho ya en xu isi f Santos- Dumout en sus últimas experiencias, con realizar un modesto recorrido de pocos kilómetros. De hoy más, se podrá recorrer el planeta, ó mejor dicho, la capa gaseosa, vulgarmente llamada atmósfera, que al planeta envuelve, sin miedo alguno á las corrientes aéreas ni á los vientos alisios equinocciales; y esto se hará en breves minutos y con dirección fija, invariable. ¿Quién ha sido el feliz mortal, digámoslo mejor, el eminente sabio que acaba de dar cima al más bello descubrimiento que la humanidad ha realizado? El propio Santos- Dumont, agraciado con el premio Deutsch en reciente concurso. El éxito obtenido en París no satisfizo al joven inventor. Comprendió éste los defectos que entrafiaba la construcción fusiforme de su globo, las deficiencias de las dobles hélices y del servomotor, las dificultades de fijar el metacentro y la escasa extensión del radio avicular, y, después de profundos estudios, se decidió por dar al aeróstato la forma misma del globo terráqueo: esferoidal y ligeramente achatada por los polos. El motor de nafta fué instituido por una pequeña dinamo construida de manera que el peso fuera menor que el desplazamiento total; y la perfecta suspensión en una determinada capa atmosférica, quedó garantizada por la adi ción de seis pequeños paracaídas de aire comprimido, de los que se puede prescindir en caso necesario. La primera experiencia ha sido decisiva. Santos Dumont, después de asistir al magnífico banquete con que le han obsequiado sus ad- miradores en Londres, condujo á éstos á un taller provisional emplazado en Buhfull Hall, y donde se hallaba ya instalado el nuevo aeróstato, que nos atreveremos á llamar mmLlfier desenterrando este nombre clásico en la historia de la navegación aérea, por la gran semejanza Z e el invento definitivo tiene con el primer ensayo. Despidióse de sus comensales, encendió un cigarro, y empuñando el servomotor y fijando bien la dirección por medio de un sextante de su invención que es una verdaderamaravilla, desapareció entre las brumas del Támesis. j- j i, i, Alos catorce minutos veintisiete segundos, Santos Dumont arrojaba el ancla en medio de la plaza de la Concordia de París, habiendo realizado en tan corto tiempo y sm marearse un viaje que en la actualidad cuesta siete horas y una cantidad inenarrable de bascas, apuros y trasudores. ¡La navegación aérea estaba inventada! ¡Gloria á Santos Dumont! EL NUEVO SALVAVIDAS EN LOS TRANVÍAS ELÉCTRICOS Este invento, aunque mucho más modesto que el anterior, tiene también, ¿cómo o econoctóo? extraor dinaria importancia para el público, que desde hace algunos años viene summistrando sm cesar víctimas inocentes en holocausto de las empresas de tranvías, y almas al infierno, toda vez que al infeliz á quien atrepella un eléctrico no le alcanzan los auxilios de la ciencia ni los de la religión. Un periódico de Abo (Finlandia) nos comunica datos y totografías describiendo esta asombrosa invención, debida al insigne mecánico noruego Bjortsjiernne Bjoernsou, á quien muchos suelen confundir con el ilustre dramaturgo de iguales nombre y apellido, aunque realmente ni lo uno parezca apellido ni lo otro nombre de pila. El aparato es sencillísimo. Consiste, como pueden ver nuestros lectores en el adjunto grabado, en un receptáculo de forma muy semejante á la de una cuna ó cuévano de mimbres, que pende de dos soportes de acero Bessemer y va apoyado en dos tornapuntas de fundición Siemens- Martin- Halske, las cuales funcionan y vuelcan el receptáculo á la simple presión del pie izquierdo del conductor, pues sabido es que el pie derecho de éste va ocupado en tocar el timbre, y sus extremidades torácicas manejan respectivamente el freno y el velómetro. Una vez voleada la cesta, el atropellado queda instantáneamente depositado eu ella en blandos cojines, y para curarse del susto, mediante un ingenioso mecanismo, recibe al propio tiempo en la boca un sutil chorrito de agua de Por más que la invención parezca ya acabada y perfecta hasta el punto de que casi dará gusto el sar atropellado, sabemos que aún se trata de introducir en ella algunas mejoras.