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CH I C JL OO ON ser muchas y muy prósperas las ciudades de la América del Norte y producir todas ellas profunda impresión en el ánimo del turista europeo, ninguno de aquellos hermosos y famosísimos emporios de la riqueza y del progreso puede competir con Chicago, la ciudad norteamericana por excelencia, la verdadera perla de los Estados Unidos, ciudad que refleja como ninguna otra el genio de la raza yanqui, y parece un jalón colocado por la actividad humana más allá de las fronteras del presente para servir de hito y puntal á las ciudades del porvenir. No hace un siglo todavía, Chicago, la poderosa y adelantadísima urbe actual, era un mediano fuerte construido para contener las irrupciones de los indios. En torno del fuerte y protegida por sus cañones, fué na, ciendo una aldea. Creció casa á casa, y hoy es una población adelantadísima que cuenta, según su último censo, un millón de habitantes, y produce la admiración del viajero menos propicio al asombro. Los latinos, sobre todo, caminamos en Chicago de maravilla en maravilla, de admiración en admiración, de ¡ah! en ¡oh! y hasta en ¡upl Sus edificios públicos nos asombran, y sus costumbres, ó dicho de otro modo, su civilización, nos desconcierta. Habituados en nuestra misérrima casa nacional, si no á sentir el pudor, á ostentar la hipocresía, prodúcenos hasta escalofríos de emoción ver de qué manera los habitantes de la gran ciudad norteamericana prescinden en la vida social de eufemisCASA DE PRESTAMOS mos y tapaderas, atrepellando en nombre de la civilización todos nuestros prejuicios acusadores de un atraso vergonzoso. El préstamo, por ejemplo, antójasenos á los españoles algo pecaminoso y leprobado, cuya voz debe de andar como á escondite por la cuarta plana de los periódicos, aposentándose él en infectos tugurios. Los ciudadanos de Chicago lo han entendido de otra manera, elevando al préstamo uno de los mejores y más suntuosos edificios déla ciudad, en la vía más hermosa y más amplia de todas, y colocando como remate del magnifico palacio una deslumbradora bola de oro con el siguienI te lema: Sin retención lacónica y expresiva frase que además es tan falsa como el oro de la bola, porque en aquel soberbi edificio se retiene todo menos la circulación fiduciaria. ¿Quépensarán de esa magnífica y educadora exhibición del préstamo nuestros modestos usureros españoles, que juzgan haber llegado á los límites del atrevimiento cuando insertan en cualquier periódico un anuncio que comienza diciendo: DOY con grandes titulares, que el público lee dCobro? AGENCIA DE COLOCACIONES Pues otro de los edificios más notables de Chicago acusa asimismo un estado social tan superior al nuestro como éste lo es al que disfrutan las razas pobladoras del Muni. Trátase de una gran Agencia de Colocacíones establecida por la