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fuera, extenderá uno de los remos inferiores y mirará de soslayo y encampanado. (8) Libreto en qae salga el demonio, debe c o n s i d e r a r s e como el premio gordo. Eso en provincias les vuelve locos, y van á la ópera por ver al diablo. Además se presta á que los bajos cantantes pongan de manifiesto todo su talento y hagan el ganso. (9) El barítono observará si llueve, ya con una, ya con otra mano alternativamente, d e j a n d o atrás la pata del ladoopuesto, como los gallos cuando se desl) erezan. Es género abundante, pero hay que vigilarlos; en general son presumidillos en el vestir, y se ponen todo lo que en cuentran en el camerino. De los tenores. 9 Tengo á la vista un magnífico Tratado de los tenores; su reproducción, cría y conservación. Dicho tratado los divide en dos clases, según Linneo: tenor de monte (10) y tenor urbano, y da de la primera clase el ejemplar que copio en traje de Duca en Rigoletfo. Estos suelen tener una voz potente, como la de un cornetín de pistón, p e r o hay que llevarlos de la fonda al teatro encajonados, y ensefian la alpargata vestidos de Duca y todo. De la segunda clase tenemos muchas variedades, siendo las principales: (11) Tenor esferoidal. Esta variedad debe evitarse; tienen voz engolada y mantecosa; al cantar se les remueve el abdomen como si tuviesen gente dentro, y cuando al final de la ópera los matan como es muy justo, su estado esferoidal les impide adaptarse al suelo conve. nientemente. (12) (13) Tenor coreográfico. Todo de falsete, desplantes, mímica, y siempre rovinato di la gola. En cada salida tiene que dejar la capa y el capelo en el suelo. N o le oye ni el cuello de su camisa- -dice el público, -pero esmuy artista. 14. Tenor de lanas. Andan por esos mundos unos tenores chiquitines, chatos, feos, con m u c h o pelo y voz indefinible, que son una gran cosa para las em resas, se los recomiendo. Nuestro público, educado en parte en los toros, necesita un tenor en el cual descargar sus iras; para eso tenemos el tenor de lanas. Sale; se agarra á la tiple, que suele ser una matrona romana; el público se ríe del c o n t r a s t e el hombre suelta un gallo; el público se ceba en el tenorcillo, y deja en paz á los demás artistas. (15) En tiples encontrarán mucho y bueno. Cuando hayan de c a e r al suelo, darán unas vueltas, antes de echarse, para arrollarse el vestido á los pies. Cuanto más ande la tiple por los suelos, mejor; recuerden que en Cavallería rusticana tiene en un solo acto tres ó cuatro batacazos, sin contar las veces que se arrodilla para rezar ó para suplicar. A Matilde de Lerma, en Valladolid, entre Cavalle- ría, Payasos y otras óperas, le conté en diez noches treinta y ocho talegadas. (16) MELITÓN GONZÁLEZ