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¡Bravo! ¡Magnífico! ¡Sublime! dan unos golpecitos con el bastón, y la clac se desahoga. U n motivo sencillo puede ser u n éxito si se sirve pianísimo; recuerden sino aquel de (3) Ya de la noche el manto ríy m ISPUESTO por IWjf B Robledo que aquí algunas vendrá tener presente principiantes. Berríatúa, Chapí y R o m e r o tengamos ópera nacional, h e prescripciones que les coná los maestros compositores (1) Procúrense un libreto con m u c h a sangüe; la sangile y l amore son fuentes inagotables de inspiración musical. No consentir frases como El loco afán. El ardiente frenesí y El dulce anhelo, pues además de estar muy oídas en las antiguas zarzuelas, son a l t a m e n t e cursis y n o las dice nadie en la vida real. Conviene que se cante algo dentro; el público es curioso, e n t r a en deseos de ver la cara del que cantó en lontananza, aplaude y le hace salir á e s c e n a Mejor todavía si se le p u e d e hacer cantar antes de levantar el te 1 lón. Esto dio m u y buen resultado en Cavalleria rusticana, obra que los principiantes deben tomar por modelo, pues en ella, a p a r t e las coincidencias y reminiscencias, se h a n reunido t o d o s los recursos y artificios de publico ó de éxito seguro, salvo lo de la bnnda militar, que se le escapó al maestro Mascagni ó Castagni. No se olviden de poner un intermezzo para dardimesiones al último acto; intermezzo largo, que acabe diminuendo, morendo, perdéndose, y los diez ó doce compases últimos en silencio, durante los cuales convendrá, sin embargo, que los músicos hagan como que siguen tocando; este camelo es de u n resultado infalible; d u r a n t e ese silencio es cuando los inteligentes (2) de oído privilegiado suelen exclamar: de Las campanadas; servido á la buena de Dios, hubiera pasado tal vez i n a d v e r tido, pero se acó á escena con el mismo cuidado que exigiera la conducción de u n a porcelana de Sévres, y el público pensó como piensa siempre ante u n pia- 3 nísimo: -Cuando con tanto cuidado t r a t a n esto, debe de ser cosa muy delicada. Y aplaudió. El pianísimo incita al aplauso; es axiomático. (4) Exigid al libretista u n a escena con cruz, y t e n d r á n el recursi to del órgano dentro- y coro de r e l i g i o s o s también dentro; siempre que se p u e d a dentro, como en Cavalleria rusticana. (6) ¿Qué hago con la contralto? E s t e es u n p r o blema que se les p r e s e n t a r á con alguna frecuencia. E n caso de apuro se le pone u n brindis con cualquier pretexto; la acción de la obra será después de Noé, y cabe, por lo tanto, lo de hébiam, bébiam, bébiam. (6) Alhajo profundo se le hace druid a sacerdote de A m m ó n ó de Isis y se le viste de algodón blanco de lo más barato, u n a 6 corona verde, alpargatas a d o r n a d a s y buenas barbas de estopa, que con el alumbrado eléctrico ya no son peligrosas. Cantará, como observando si llueve, con a m b a s manos, y cuando n o cante se (7) cruzará de brazos, teniendo cuidado de dejar la barba por